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Siento un vacío tan grande en mi alma, un nudo en la garganta, un dolor en el corazón. Ya no tengo lágrimas para llorar, ya las he gastado todas el último día que nos vimos por última vez. No me lo podía creer que era real, que se iba, que había llegado por fin el día en que tenía que marcharse, quizás para nunca más volver.
Aunque tenemos la impresión inexplicable de que sí volveremos a vernos algún día pero la vida cambia, las personas cambian... ¿pero, será que mis sentimientos hacia el también cambiarán?
Es la primera vez, en mis 29 años de vida, que me enamoro realmente de alguien. Antes de él nunca había sentido algo tan fuerte. ¡Ay! ¡La maldita pasión! Sádica y burlona que te enseña los dos extremos de los sentimientos: la extrema felicidad cuando se está con esta persona y la extrema tristeza cuando la pierde.
De él solo me ha restado su pulsera de madera y los recuerdos. Joder! Como duele!
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