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Fin de semana. Estoy solo. Un buen día (quiero decir; un mal día), hace 3 semanas, me dí cuenta de que ella pasaba olímpicamente de mí. De que le importaba un pimiento que yo sufriera o no. Ella tiene otros planes en su vida. Tiene 30 años y se ha ido a vivir con un tío que tiene 60. No, no exagero. Pero, claro, el tío es un millonario que le paga todo y yo un miserable mileurista separado que vive con sus padres. A ella no le interesa leer, salvo revistas de chismorreo. Tampoco le interesa el cine. Sólo ver comedias televisivas con carcajadas enlatadas. Sus temas preferidos son la moda, el famoseo y cómo no engordar un gramo más. Apenas sale del barrio y, cuando sale, vuelve borracha, o casi. Es una pena, porque es una tía maja. Lo sé porque antes de que llegara el millonario, estuvimos saliendo una temporada. No divertíamos. Lo pasábamos bien.
Y yo, como un imbécil, me enamoré.
Pero pasa de mí. No contesta mis mensajes. Cuando la llamo para salir, me dice que no puede y que ya me llamará.
Le he aplicado contacto cero desde hace una semana. Mis amig@s y conocido@s hace mucho que se perdieron por ahí en el tiempo y, en esta situación es duro. Muy duro. Bueno, vosotr@s ya lo sabréis, supongo.
En fin, camino por las calles sin rumbo. ¿Alguna palabra de ánimo, por el amor de Dios?
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