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Buenas noches, lectores/as. La verdad es que llevaba tiempo pensando en si subir o no el próximo capítulo de mi historia, dado que es el capítulo final, el último capítulo de mi historia. ¿La razón? Digamos que, el modo en que acaba, dado que seguramente muchos de vosotros, que me habéis seguido fielmente escrito a escrito esperaréis que acabe de una forma, y a lo mejor esta no es por la que apostábais. Seamos sinceros, yo tampoco apostaba por esta resolución, pero llegó de ese modo hace ya varios meses. En fin, será mejor que lo leáis y comprendáis el porqué.

Entrada 18 La última confesión

Pasaron un par de semanas más en las que salimos por ahí, nos divertimos junto a amigos, reímos, vimos anime, charlamos de todo un poco… Hasta que, finalmente, hubo dos desencadenantes que me hicieron tomar la decisión que tomé, la cual me llevaría a la conclusión de esta historia.
La primera razón me la dio mi amigo Paco. Sucedió en la celebración de su cumpleaños, para lo cual Elena y yo fuimos invitados a su casa para comer tarta, ver películas y, en general, frikear un poco. Allí nos esperaban Paco y Noelia, su novia. Pasamos una agradable tarde viendo “Zombies Party” y “Los caballeros de la Mesa Cuadrada”, tras la cual acompañé a Elena a la parada del autobús que la llevaba a casa. Aquella vez decidí quedarme un rato más casa de mi colega, al que hacía varios días que no veía. Tras un rato más, Noelia hubo de marcharse también y nos quedamos Paco, su compañero de piso Álex y yo. A eso de las tres de la mañana, viendo la hora que era, decidí quedarme a dormir allí invitado por ambos, de tal modo que Paco y yo acabamos hablando hasta las tantas tumbados en su cama. Así fue como, tras darle muchas vueltas, le confesé aquél gesto que hacía tantos años había compartido con Elena, cuando le había cedido mi anillo de El Señor de los Anillos en la esperanza de que en el futuro significara una prueba de amor hacia mí. Conforme se lo iba diciendo, temía más y más que aquello le sonara ridículo, que Paco me dijera que eso era una auténtica gilipollez (puesto que así me sentía yo en aquellos momentos compartiendo aquél detalle con otra persona ajena). Pero, para mi sorpresa, fue todo lo contrario. Me dijo que había sido un detalle muy romántico y bonito por mi parte, y que me entendía muy bien. Además, me animó a que volviera a confesarle mis incipientes sentimientos a Elena para ver si, tras un último empujoncito, conseguía sacar algo más en claro que la noche en la que le regalé la caja de bombones.
El segundo desencadenante me llegó al día siguiente, por la noche, cuando me conecté a Internet. A raíz de ciertos tweets que había ido poniendo con el móvil, narrando un poco (metafóricamente hablando) cómo me sentía respecto a aquello, tres amigos míos me cogieron por banda aquella noche: Pedro, Miriam y María. Estuvimos hablando del tema, de todo un poco, de mis aventuras y desventuras con ella, de lo de la caja de bombones, de los sentimientos sin confesar, de las respuestas que no me habían quedado claras… hasta que, finalmente, me dieron un segundo empujón que, sumado al que Paco me había dado la noche anterior, supusieron el paso que necesitaba dar para lo que estaba a punto de hacer al día siguiente. Necesitaba respuestas, no convenía seguir dándole vueltas a las cosas sin ton ni son. Debía ser valiente una vez más.
Como de costumbre, quedé con ella para dar una vuelta por el centro, pasear, tomar algo, ver tiendas… vamos, el plan que a ambos tanto nos agradaba desde que habíamos retomado el contacto.
Al final, acabamos llegando al barrio algo tarde. Recuerdo que caía una suave llovizna, el cielo estaba encapotado, y todas aquellas señales que el mundo me estaba dando no me hacían sentirme especialmente esperanzador al respecto de lo que estaba a punto de averiguar. Pero ya había tomado una decisión, e iba a llevarla hasta sus últimas consecuencias, pasara lo que pasase. Aquellos sentimientos por ella estaban presentes, y debía saber la verdad, debía afrontarla para saber si podía aventarlos y hacerlos crecer o extinguirlos definitivamente, quedándome con aquella sana amistad que habíamos recuperado con el paso de tantos años y experiencias juntos. Debía aclarar las cosas pero, sobre todo, debía aclararme yo mismo. Es importante matizar estos puntos, conocer la verdad cuanto antes para poder actuar en consecuencia, antes de que nuestra cabeza vuele muy alto, nuestra imaginación y esperanzas despeguen con demasiada velocidad y más dura sea la caída a la realidad, en el caso de que la haya. Así pues, respiré hondo y, de camino a casa, nos sentamos en un solitario parquecillo a hablar. La miré a los ojos y volví a decirle lo que le había dicho aquella noche, para saber de nuevo su respuesta, la contestación que no se había quedado grabada en mi mente a causa de los nervios que tanto me habían traicionado. La última confesión estaba dicha.
Tras un rato, ella me miró apesadumbrada y, pidiéndome perdón una y mil veces, me dijo que yo había hecho las cosas más románticas y bonitas que nadie jamás había hecho por ella: presentarme aquella mañana de hacía más de diez años, acompañarla casi siempre a casa, regalarle el anillo, escucharla, quedar con ella siempre que podíamos, invitarla a todos los planes que hacía, animarla cuando su novio la dejó, los bombones y la confesión de después de San Valentín, cuidar de ella cuando se puso mala durante la fiesta en mi casa, calmar su temor durante la película de cine y, finalmente, volver a echarle valor a la cosa para sincerarme una última vez. Admiraba aquél valor más que nada en el mundo; lo que había hecho, según ella, pocas personas se atreverían a haberlo hecho.
Pero, lamentablemente, ella solo me veía como un amigo. Durante todo aquél tiempo, no había brotado nada más que la sincera y tierna amistad de su corazón, amistad que se había hecho fuerte con el paso de los años. Algunos diréis, o pensaréis que en aquél momento, viéndola disculparse por no poder sentir por mí más que amistad, noté como mi corazón se quebraba en mil pedazos.
Y la verdad es que no fue así, ni mucho menos. Bien es cierto que me llevé una desilusión, un pequeño mazazo amortiguado por el hecho que durante aquellos meses había logrado refrenar esa ilusión que no se veía correspondida. Había logrado mantener los pies en el suelo durante todo aquél periplo hasta su desenlace, por lo que la caída no había sido tan terrible. Sí, dolía, claro está (a quien no le duela mínimamente algo así es que no tiene corazón, y en tanto y cuanto somos humanos, todos lo tenemos) pero no había sido tan terrible como me esperaba que fuera. En el fondo, mi “yo interior” sabía desde hacía tiempo que estaba viviendo de ilusiones que no encontraban respuesta en el otro lado. Era como jugar al ping pong contra una mesa doblada a la mitad. Lanzaba la pelota y mi propia ilusión me la devolvía, no Elena, si no yo mismo. Y aquél hecho siempre había estado presente en mi mente, pese a que con mis pequeños anhelos lo había hecho callar constantemente.
Sonreí suavemente, notando como aquellas brasas se apagaban poco a poco, antes de que hubiera ardido tanto como para hacerme daño. Me apenaba, pero así era la vida. Ella solo me vería siempre como un amigo, y eso era algo que yo agradecía. Y que tendría que aprender a aceptar, naturalmente. Parecía que aquella no iba a ser mi historia de amor, después de todo.
- ¿Y ahora, qué quieres que haga?- me preguntó mirándome con unos ojos cargados de tristeza y arrepentimiento a partes iguales- ¿Me alejo de ti un tiempo, desaparezco totalmente de tu vida? Dime qué es lo mejor para tu estado de ánimo y lo haré, onii-chan.
- ¿Cómo podría querer que te alejaras de mi vida, canija?- contesté, sonriendo pese a todo. Sentía una enorme paz, extrañamente, en mi interior. La paz de saber que todas mis tribulaciones habían tocado a su fin tras tantos meses de darle vueltas al asunto una y otra vez- Lo que quiero es que permanezcas a mi lado, siendo mi fiel amiga y dejándome ser tu amigo. ¿Podrás concederme ese deseo?
Su mirada fue iluminándose de ilusión poco a poco hasta que, finalmente, me abrazó fuertemente por el cuello, por lo que hube de agacharme.
- Pues claro- murmuró a mi oído- Estaré aquí para ti y para ver cómo, tarde o temprano, encuentras a tu verdadero amor. Eres una persona fantástica, de verdad, un chico de los que ya apenas quedan, y algún día una chica excepcional se dará cuenta de ello y te dará todo el amor que tú podrás darle a ella. Estoy segura de eso.
Y, tras aquellas palabras de despedida y dos besos, cada uno nos fuimos por nuestro lado. Me detuve un momento a contemplar cómo se calmaba la lluvia, y cómo entre las nubes asomaba una preciosa luna creciente. Reflexioné sobre todo cuanto me había pasado, todo cuanto había vivido con ella y todo cuanto me quedaba por vivir junto a una amiga así. Porque al fin me empezaba a hacer a la idea de que sólo éramos amigos, y así seríamos por siempre, pasara lo que pasase. Pensaréis que la amistad es un pobre consuelo en comparación a encontrar el amor. Nada más lejos de la realidad. Hay veces, en la vida, en la que una buena amistad es un gran consuelo que nos ayuda a seguir adelante. Además, ahora que todo había quedado aclarado con Elena, mirando aquél cielo nocturno que se empezaba a abrir sobre mí, volvía a palpitar la esperanza dentro de mi corazón.
- Ahí fuera, estés donde estés en estos momentos- susurré a la noche- este mismo cielo te está iluminando. Tardes lo que tardes en llegar, pasemos las pruebas que pasemos, sé con total certeza que algún día nos conoceremos y estaremos juntos. Te espero, como te he esperado siempre. Y algún día podré decírtelo a la cara, mirándote a los ojos. Te doy mi palabra.
Puede que a algunos os suenen cursis estas palabras, o demasiado esperanzadoras. Puede que estéis en una situación en la que no veáis esa luz que hay al final del túnel, en la que no creáis en el amor, en la que no queráis saber nada de eso… en fin, cada persona es un mundo y un servidor no puede hablar por todos vosotros. Pero lo que sí sé es que la esperanza es lo último que se pierde, es el viento que da alas a nuestras ganas de seguir caminando por la vida, día a día, paso a paso, sueño a sueño… Porque el ser humano no es nada sin sueños que cumplir y metas que lograr. Y aquella noche, con la paz que cubría mi corazón, sanando la pequeña desilusión que me había llevado al saber la verdad que mi corazón se negaba a admitir desde el principio, aquellas palabras se me antojaron llenas de esperanza. Puesto que, pasara el tiempo que pasase, mi camino seguía ante mí. No sabía lo que me depararía el destino, no sabía el tiempo que me llevaría. Pero, si de algo estaba seguro, era que tarde o temprano vería mi sueño hecho realidad.



¿Y qué me ha hecho subirlo ahora, os preguntaréis, tras tantos meses que han pasado de que viviera esta situación? En primer lugar, que costó tiempo olvidarla. Aquí está un poco suavizado, pero todos entenderéis que cuando no se lleva a cabo lo que esperas con alguien, supone una buena decepción (más después de todas las vivencias con esa persona). Afortunadamente, siempre mantuve mis sentimientos rebajados, a la espera de si poder aventarlos o no, por lo que el mazazo del rechazo no fué tan terrible como cabe suponer.
Pero yo creo que el principal motivo de haber tardado tanto es que no me gustaba este final, así tan inconcluso, tan con ganas de decir: Bueno, vale ¿y ahora qué? Nos has dejado un poco fríos, Fran. Afortunadamente, hace una semana y pico, ocurrió algo en mi vida, gracias a este foro, precisamente, que me dió pie a escribir el siguiente capítulo de mi historia. El Epílogo, por así decir. Un Epílogo que cuelgo a continuación para que todos vosotros podáis compartirlo. Un Epílogo que me llenó de esperanza y... bueno, vedlo vosotros mismos.
 
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Epílogo Dos nuevos comienzos

Han pasado varios meses desde aquella noche en la que Elena y yo aclaramos todo. Varios meses durante los cuales me he centrado de nuevo en mi vida, en mis amigos (ella entre ellos, naturalmente), mi trabajo, mis aficiones y, como no, mis escritos. Entre ellos, está este mismo que tienes ante los ojos, querido lector. Pues, a pesar de que la historia llegó a su final, pese a que me costó olvidarla en ese sentido y más aún ponerme a escribir los últimos capítulos, era algo que os debía a todos vosotros y, como no, a mí mismo. Porque una buena historia tiene un buen final. Pero, en este caso, también tiene un buen enlace para la que espero será una historia aún más bonita. ¿Queréis saber a qué me refiero? Prestad, pues, atención y seguid leyendo.
Como algunos de vosotros sabréis, la gran mayoría (puesto que la habéis estado leyendo día a día y mes a mes), esta historia fue creada y publicada regularmente en la página web de ForoAmor (desde aquí os mando un saludo a todos aquellos lectores/as que, fielmente, me habéis seguido y dado ánimos para continuarla). Pese a que, normalmente, estoy feliz y siento esperanza en el corazón, no puedo evitar volverme melancólico de vez en cuando. Y aquello fue lo que me pasó una mañana de hace unos cuantos días. Una mañana en la que ForoAmor, una de mis reflexiones y un mensaje privado, comenzaron un nuevo capítulo de mi vida.
Había pasado una mala noche, las cosas como son. Debido a unas conversaciones con unos amigos míos y a que me sentía especialmente sensiblero, sumando canciones de Celine Dion y Bryan Addams, no estaba en mi mejor momento. Me sentía algo decaído, añorante, con ganas de encontrar a alguien especial en mi vida. Ganas de cumplir aquél juramento hecho a la luna creciente aquella noche. Lamentablemente, las cosas no me iban muy bien en aquello de encontrar el amor verdadero. Por mucho que salía por ahí, me apuntaba a mil cosas, quedaba con muchas personas, reía, bailaba, bromeaba y me lo pasaba estupendamente, parecía que aquella chica en cuestión no terminaba de aparecer en mi vida.
Así que, decidí que la escritura me echara una mano y mis dedos volaron sobre el teclado buscando una forma de desahogarme. Lo que creé, como viene siendo habitual, lo publiqué en ForoAmor bajo el nombre de “Ya llegará, cuando menos te lo esperes”. Una reflexión en la que procuraba alentarme a mí mismo, a la vez que a los demás, de que mantuvieran viva la esperanza pasara lo que pasase, puesto que algún día todos aquellos que lo quisiéramos, encontraríamos el amor. Cuando acabé y le di a publicar, me sentí bastante mejor casi instantáneamente. Sonriendo satisfecho, cerré el foro y cogí mi móvil dispuesto a quedar con mi colega Pedro, que venía a Madrid desde Murcia, de camino a Vitoria a ver a su novia.
Dimos una vuelta, andamos de tiendas frikis, vimos películas, series, cómics, juegos de rol… charlando de todo un poco. El tenía sus problemas y yo los míos. Y como hace más de diez años que nos conocemos, nos pusimos a aconsejarnos mutuamente. En lo referente al hecho de que no encontraba a esa chica especial, me dijo que algún día no muy lejano me llegaría. No debía perder la esperanza, pues tarde o temprano aparecería alguna chica que se complementara perfectamente conmigo, que coincidiera en un montón de cosas y, a la vez, ampliara mis horizontes en muchas otras, obteniendo el mismo tipo de respuesta por mi parte. Lo describió como una balanza, cada uno en un lado, compartiendo el centro, en constante equilibrio, complementándonos y sujetando y ayudando a sujetar a la otra parte. Un símil bastante acertado, la verdad, que contribuyó un poco más a animarme. Volví a casa de nuevo esperanzado, decidido a no dejarme vencer por ese puntual desánimo melancólico que me asaltaba de vez en cuando. Encendí el ordenador y me conecté al foro, por la curiosidad de ver si alguien había dado su opinión a la reflexión que había llevado a cabo aquella mañana. Cual no sería mi sorpresa al encontrarme un mensaje privado parpadeando en la barra de opciones. Lo que leí a continuación, me dejó gratamente sorprendido.
Se trataba de una chica que hacía tiempo que no se conectaba, autora de un post de “Busco Pareja” en dicha sección del foro. Aquel post me había llamado la atención, desde luego, dado que ambos buscábamos exactamente lo mismo. Pero encontrarme aquél mensaje privado sin que yo me hubiera dado a conocer, era fantástico. En el mensaje me confesaba que había leído mi reflexión y que coincidía totalmente con ella, hasta tal punto que parecía como si la hubiera escrito de su puño y letra. A lo cual, le contesté si le apetecía que charláramos y nos conociéramos un poco, dado que ella también me había llamado la atención a mí. Fue la mejor decisión que pude tomar. Acabamos dándonos el Messenger y aquella misma noche, a las doce, empezamos a hablar y conocernos. Teníamos muchas cosas en común, tantas que, medio en broma medio en serio, daba algo de miedo xD Era sorprendente que todo cuanto dijéramos, todos los gustos y aficiones, la manera de ser y de pensar… fueran si no las mismas, prácticamente iguales. La noche se hizo corta, chateando y chateando, el reloj marcó las cinco y media de la mañana sin poder despegarme de la pantalla del ordenador, escuchando música clásica de fondo. Para rematar, dado que ambos teníamos que madrugar al día siguiente y el sueño comenzaba a hacer mucha mella en nosotros (cosa que no nos agradaba, puesto que podríamos haber seguido hablando encantados de la vida), nos dimos los móviles para poder hablar por whasapp y, de paso, compartir alguna fotito (no nos era esencial, puesto que ya habíamos quedado en que a ninguno de los dos nos importaba demasiado el físico, dándole mas peso a la forma de ser de la persona), pero que, indudablemente, siempre era bonito ponerle cara a una persona con la que de buenas a primeras habías congeniado tan acertadamente.
He de decir que, pese a que ella insistía en que no salía muy favorecida en las fotos, me pareció una auténtica monada. Así que aquella noche me fui a dormir con una sonrisa de felicidad en los labios, habiendo conocido a una persona tan especial como ella gracias a uno de mis escritos.
Al día siguiente, seguimos chateando por whasapp siempre que su trabajo se lo permitía, y así continuamos hasta la noche. Seguíamos coincidiendo en todo, desde nuestro carácter bromista y alegre, hasta nuestros gustos, pasando por cosas tan insignificantes como momentos chistosos favoritos de Padre de Familia, por ejemplo. Hasta en la mínima cosa. Cada vez llamaba más y más mi atención. Tanto ella como yo confesábamos que era increíble encontrar a alguien tan parecido y, a la vez, tan complementario. Alguien con tanta facilidad para hablar de todo, pues sabíamos qué pensaba el otro respecto a algo, o cual iba a ser su reacción al hablar de algún tema. La extrañeza de este hecho que nos había ayudado a congeniar tan deprisa, dio paso a cierta calidez y, según palabras textuales suyas, “sentir buenas vibraciones” al respecto. Llegó la final de la Eurocopa y descubrí que a ella tampoco le gustaba el fútbol. ¿Qué hicimos? Pasar del partido y seguir hablando. Muchos se alegraron de que ganara España, a mí me dio absolutamente igual (como siempre, la verdad) pero, si hay algo de lo que me alegré aquél día mientras sonaban las trompetas por todo el barrio, era de el hecho de poder estar hablando con ella. Por el contenido de sus mensajes y el de los míos, comenzaba a ver cierta atracción entre nosotros. Sí, era muy pronto, no nos conocíamos todavía en persona y apenas llevábamos unos días charlando. Pero era tal la familiaridad que sentía hacia ella y ella hacia mí, que me sentía como si la conociera de hacía tiempo.
Sé que puede sonar raro si nunca os ha pasado algo parecido, pero os aseguro que es maravilloso encontrar a una persona así por la más fortuita de las casualidades (aunque ambos creíamos que el destino también tendría su parte de culpa en aquello).
Finalmente, aproveché que librábamos el mismo día para ofrecerle la posibilidad, si ella también quería, de que quedáramos para conocernos en persona. Ella aceptó. Quedamos en Sol para dar una vuelta, charlar, quizás ir al cine… lo que nos diera la gana, según fueran surgiendo los planes. Allá que fui bastante nervioso, procurando que no se me notara demasiado. Solo iba a conocerla, nada más, pero mis miedos e inseguridades hacían mella en mí ¿y si no le caía bien en persona? ¿Y si nos quedábamos sin hablar, cortados por el momento? Había tantas cosas que en ese momento piensas. Tantas estupideces que se desvanecieron cuando la vi acercarse a mí entre la gente, con una cálida sonrisa en los labios. Estaba preciosa, mucho más que en la foto en la que ya me había resultado guapa. Tras dos besos, comenzamos a charlar de todo un poco, como si ya nos conociéramos en persona. Ninguno de los dos se cortaba, fluyendo la conversación fácilmente mientras íbamos a la Fnac a ver desde series y películas, hasta cómics y libros de animales. Después, ofrecido por ella, decidimos dar un paseo por el Retiro en aquella bonita tarde de verano. Y allá que fuimos perdiéndonos un poco por el camino, teniendo que usar el googlemaps de mi móvil para encontrarnos (en mi defensa diré que estaba tan a gusto con la conversación y prestándole toda mi atención a ella, que no me dí cuenta de que no íbamos en la dirección correcta xD) Paseamos por el Retiro, nos sentamos en un banco a tomar una coca cola y, tras un rato más de charla y bromas, decidimos ir al cine. Así que nos pusimos a caminar de nuevo, en dirección a Príncipe Pío. Cuanto más tiempo pasaba con ella, más me atraía. Ella ya sabía que incluso antes de conocernos, comenzaba a sentir “aquellas buenas vibraciones” por ella, sentimientos que eran recíprocos. Pero entonces, cara a cara, la cosa iba a más. Seguíamos coincidiendo constantemente, reíamos a cada rato, nos seguíamos las bromas mientras nos poníamos al día de nuestras respectivas vidas. Me lo estaba pasando genial, y sabía que ella también. Somos dos personas muy francas, sinceras, sin intenciones ocultas y maldad en el corazón. Y de vez en cuando, sobre todo cuando me miraba a los ojos, notaba que el mío se aceleraba un poquito. La cosa marchaba francamente bien, y no podía creer la suerte que tenía de haber encontrado a una chica así.
Tras la película, la acompañé en el metro hasta la parada de autobús que la llevaría a su pueblo (no vivía en Madrid capital). Durante el viaje, la conversación se tornó un poco más seria, más íntima, momento en el cual le estuve dando mis impresiones respecto a ella y la relación que llevábamos. Coincidía con ella en que debíamos ir poco a poco, conociéndonos, pero no podía negarle que desde las primeras palabras que habíamos cruzado, había sentido algo dentro de mí. Algo que crecía con cada momento que pasábamos juntos. Sus ojos, su sonrisa y sus gestos me daban la respuesta que su timidez no lograba sacar a relucir: a ella le pasaba lo mismo.
Aquellas buenas vibraciones que sentíamos durante nuestras primeras charlas por Messenger y whasapp estaban yendo a más desde que nos habíamos conocido, si bien es cierto que aún quedaba camino por delante. Decidido a no dejar la conversación a media y, sobre todo, a comportarme como el caballero que soy, me subí al autobús que nos llevaría a su casa, pese a que eran las dos menos cuarto de la mañana. Durante el trayecto, seguimos hablando del tema, y le confesé que me gustaba. Que iríamos todo lo despacio que ella quisiera, puesto que no tenía ninguna prisa ni intención de agobiarla o estresarla. Ante todo, deseaba que ella estuviese bien, feliz, y que fuera marcando los pasos a seguir. Nos tomaríamos el tiempo que hiciese falta para seguir conociéndonos, pero pese a que ella ya lo sabía, expresé en voz alta mi intención de, si la cosa seguía así de bien, en el futuro salir con ella como pareja. Mientras hablaba, sincerándome poco a poco, veía cómo brillaban sus ojos de la emoción.
- Nunca he conocido a nadie como tú- me confesó en una tierna voz baja, en la penumbra del autobús- Y nadie me ha dicho jamás unas cosas tan bonitas.
Aquello sonó como música para mis oídos, desde luego. Al igual que el hecho de que ella sintiera lo mismo por mí, y que su intención de salir conmigo en el futuro si la cosa seguía así de bien fuera la misma. Decididamente, la resolución de subir al autobús había redondeado una maravillosa tarde/noche junto a una chica tan especial.
Tras una charla más en su pueblo, esperando que el mismo autobús diera la vuelta para llevarme de nuevo a Madrid, le hice una foto con el móvil. Quería tener un recuerdo físico de que todo aquello no había sido solamente un sueño, de que al día siguiente cuando me levantara aquello habría pasado de verdad. Tras un par de besos y una suave sonrisa, nos despedimos por el momento, hasta nuestro próximo encuentro, pese a que seguiríamos hablando activamente por whasapp y demás. Me senté en la última fila del vacío autobús y suspiré feliz, completamente feliz por primera vez en varios años, puesto que sabía (tanto en mi mente como en mi corazón) que esa vez mis anhelos encontraban respuesta al otro lado.
¿Y a qué viene lo del título del epílogo? ¿Qué pasó con Elena? Aquí va su historia. Una historia que acaba de empezar, que ahora mismo está en un pequeño bache que, espero, se arregle y que, desde luego yo voy a hacer todo lo posible por ayudar. Para empezar, diré que Elena sabía que iba a quedar con la chica del foro y me había dado muchos ánimos al respecto, deseándome que todo saliera bien. La noche siguiente a conocer a la chica del foro cara a cara, cuando le comenté un poco cómo se había dado la cosa, no pudo por menos que llorar de la emoción y alegrarse mucho de que hubiera encontrado a alguien tan especial. Pensé que se trataba tan solo de la alegría de una muy buena amiga, pero como descubrí unas horas después, había algo más detrás.
Al día siguiente, tras acabar mi jornada laboral, y como tenía que esperar a que abrieran la tienda de cómics de unos amigos míos, decidí ponerme en contacto con un gran colega y amigo del curro, Ricardo, para comer con el (dado que vive en pleno centro de Madrid). Allá que fui, comimos juntos y vimos un capítulo de alguna serie que otra. Después, me acompañó hasta la tienda en cuestión, momento en que pude compartir con él las novedades acerca de la chica por la que sentía algo que crecía día a día. Le notaba algo… digamos, apagado. Como si me estuviera ocultando alguna cosa. Finalmente, acerté cuando no pudo más y me confesó que se había enrollado con alguien hacía unos días, pero no me lo quería contar por si me sentía mal y me enfadaba. Tras un rato de tira y afloja, finalmente, me lo contó. Había sido con Elena.
Al parecer llevaban ya tiempo hablando por Internet, y habían quedado. Ella ya sentía algo por él, y finalmente había dado rienda suelta a aquello hacía unos días. Lamentablemente, a raíz de que pensaba que a mí me sentaría mal aquello, había cortado por lo sano, causando que discutieran la noche anterior.
¡No me lo podía creer! Sin duda, me pilló por sorpresa. Pero lejos de sentirme enfadado o traicionado, como ellos pensaban, me sentía muy feliz por ellos. No lograba entender porqué pensaban que me sentaría mal, dado que ambos sabían que estaba muy ilusionado con la chica que había conocido por el foro, de la cual me estaba empezando a enamorar. Pero supongo que pensaban que donde hubo fuego, cenizas quedan. Y nada más lejos de la realidad. Elena ya era para mí desde hacía tiempo solamente una amiga, buena amiga, pero nada mas. Y Ricardo uno de los mejores amigos que tengo, por añadidura, al que conocí cuando empecé a trabajar en la empresa en la que sigo a día de hoy. Por tanto, no podía creer que, indirectamente porque no me quisieran hacer sentir mal, su incipiente relación corriera peligro. Además, en aquellos momentos Ricardo se sentía mal, como si me hubiera traicionado.
Lo primero era lo primero. Hablamos larga y pausadamente sobre el tema, haciéndole entender que al contrario de lo que el había pensado, me sentía feliz por ellos y les deseaba lo mejor. Ambos son personas muy queridas para mí, y pensaba que serían muy felices juntos. Así que de aquello estuvimos hablando durante casi hora y pico, hasta que, no sin antes prometerle que haría lo que estuviera en mi mano para ayudarle a superar la discusión que habían tenido por no querer defraudarme, me despedí de él con un emotivo abrazo. Por tanto, volví a casa dándole vueltas al tema, hasta que mi añorada dama me habló por whasapp, momento que aproveché para charlar un rato con ella, contándole también lo de mis dos amigos. Finalmente, hubo una frase muy bonita que ambos compartimos, poética y muy reveladora sobre lo que sentíamos. Y sobre lo que yo sabía que sentían Ricardo y Elena, cosa que les ayudaría a ver, a solucionar y a llevar a cabo con todo lo que en mi mano estuviera. Yo espero, sinceramente, que pueda ayudarles a arreglarlo y que nazca una bonita relación de la que, estoy seguro, disfrutarán enormemente, dado que ambos lo merecen.

En cuanto a mí, deseo seguir conociendo a la que, espero de todo corazón, tarde o temprano sea mi pareja, puesto que cada día que pasa cobra más sentido el hecho de que ya se ha convertido en mi sueño hecho realidad. Como dijimos aquella misma tarde:

“El amor es como una planta. Hay que regarlo, poco a poco, para que crezca alta, con raíces fuertes y acabe dando los frutos más dulces que hayamos probado jamás”

Y, desde luego, eso es lo que tengo toda la intención de hacer.



FIN



Y aquí termina la historia que comencé hace muchos meses, después de un largo recorrido. Como véis, la principal moraleja que puede extraerse de todo esto es que a veces, en la vida, por muy bien que creamos que nos está yendo una historia o experiencia, siempre puede terminar de una forma que no nos esperábamos. Pero con ello no debemos dejar que nos venza el desánimo, cerrarnos al amor, a conocer gente nueva y a mirar con esperanza un nuevo amanecer. Precisamente, ante mí se halla ese nuevo amanecer, como he dicho. Y todo gracias a que una mañana decidí ponerme a reflexionar en este foro. Y mi escrito, cual faro, atrajo la atención de cierta chica maravillosa a la que sigo conociendo a día de hoy y con la que tengo la sincera esperanza de que, algún día, nuestras historias se entrelacen en una sola. Nunca dejéis de creer y de soñar, queridos lectores, puesto que ahí radica la grandeza del ser humano. En que podemos mantener viva la esperanza de que hay algo mejor para nosotros el día de mañana. Como véis, un servidor ya lo ha encontrado. Y así os deseo a todos los que sigáis esperando que, algún día, hayéis esa felicidad que a todos nos llega. Un saludo, muchísimas gracias por leer y, animándoos a dar vuestra opinión de la historia en general, se despide por el momento el paladín del foro.

Sir Francis
 
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