Ésta mañana las vi, dos chicas gigantescas, altas como torres, como de unos de 25 o 27 años, no más de 30, despachándose a gusto un desayuno en la terraza de una cafetería. Tenían pinta de dependientas de alguno de alguno de los comercios de los alrededores, aunque lo mismo simplemente estaban de paso y habían acudido "al Centro" a hacer trámites bancarios o con la Administración y a desayunarse en la terraza de aquella cafetería.
No parecían ser más inteligentes que la media en éste país, cuyo nivel intelectual medio es bastante bajo, por cierto, ni parecía que tuviesen capacidades que las hiciese especialmente notorias para la gente que tuviese el honor de conocerlas, pues, a juzgar por su conversación, conocerlas era un honor.
¿Y de qué estaban hablando? Pues de tíos.
Su conversación giraba en torno a que al parecer a una le había hecho algún tipo de proposición un tío, pero, ¿cuál era el problema? pues la estatura del pretendiente. La chica, sentada en su asiento, mientras removía su café con hielo comentaba que el chico estaba bien, que tenía un buen trabajo (algo complicado en éstos días inciertos), pero que no medía ni 1,70, que
"A ver dónde iba ella con eso",
"Qure no tía, que a ella le gustaban altos y que quería ponerse sus taconazos y que al lado de un tío tan bajo, la gente les miraría por la calle". Seguramente tenía razón.
Yo me acabé mi carajillo de orujo (los bajitos, feos, gordos, sin trabajo y amargados, sólo podemos consumir bebidas degradantes, a tono con nuestras horribles personalidades) y esperé a que la camarera apareciese para pagar, al tiempo que ellas, que se ve tenían prisa, habiéndose acabado su desayuno casi al tiempo, decidieron entrar en el local y acercarse a la barra a pagar, para ahorrar tiempo, se comprende. Y ahí las vi. Una, la que hacía de amiga confidente, mediría un metro setenta, con zapatos planos y cómodos, para andar y la amiga, la pobre muchacha que había sido importunada por un pigmeo, medía más o menos lo mismo, pero llevaba unos zapatos estilo espardeña (un calzado típìco de la zona mediterránea española con suela de esparto y otros materiales como el cuero y la tela) pero con una suela alta y un gran tacón de al menos 6 o 7 centímetros, así que nuestra giganta con suerte sion esas plataformas mediría 1,60 y quizás tirando por lo alto.
Me hizo pensar en la estupidez humana, en lo idiotas que nos vuelve el creernos algo o alguien que no somos, princesas de saldo y esquina (como en la canción de sabina) y príncipes de pacotilla, vestidfos y calzados con prendas que sólo nos dan un aire sofisticado, pero con un córtex tan liso como el culito de un bebé y un pensamiento acorde a tan limitado intelecto... una pena.
Pensé largo rato en la pitufa que me había dado mi rato de intoxicación con cafeína y alcohol, en sus palabras, en su manera de despreciar a alguien que a buen seguro es mucho más de lo que se merece con esa arrogancia que no hay por donde congerla, sólo ¿por qué? Porque es mujer, porque la Naturaleza le ha dado tetas y vagina y eso la ha ebndiosado, la ha elevado por encima de sus congéneres masculinos y la ha hecho superior sólo porque es ella la que puede permitirse rechazar a un chico que de entrada lo único malo que tiene a sus ojos es ser bajo.
En fin, con estúpidas como éstas, no podemos esperar tener un país poblado por generaciones futuras inteligentes y capaces, con los mimbres necesarios para afrontar el futuro, no, más bien tendremos lo que ya vemos: legiones de descerebrados con el pelo a lo CR7 y una habilidad comunicativa semejante a la que tenía mi perro, que en muchos aspectos era más inteligente que ellas y sus novios.