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Voy a compartir lo más bonito que creo que le he escrito nunca a nadie. He censurado el nombre de la persona por respeto, pero el resto es tal cual se lo dí. Me encantaría conocer vuestra opinión. Muchas gracias.

El texto es:

Quizás la parte más difícil para mí sea esta. No sé si lo sabías, pero es imposible matar una idea. Una vez se forma, se arraiga en nuestra cabeza y crece y crece, y busca mil maneras de justificarse y sobrevivir. Por si no fuera suficiente, nuestro cerebro no tiene la capacidad de distinguir entre lo que vivimos y lo que imaginamos, por lo que, para mí, todas las ideas que tuve sobre ti, sobre nosotros, eran tan reales como si hubiesen ocurrido. Y cada una de esas ideas, cada cosa que quise contigo, cada escenario que imaginé en mi cabeza era algo que, de verdad, sentí y se me grabó a fuego en mí.

Esta parte, en realidad, creo que es más para mí que para ti. Nada de lo que diga cambiará nada, lo sé. Y, de hecho, creo que en parte ya sabes todo lo que te voy a decir, pero creo que es bonito recordar, quizás por última vez, todo lo que quise contigo. Tengo la sensación de que, al escribir todas estas cosas, las estoy volviendo a revivir, pero también las estoy haciendo libres, les estoy dando la oportunidad de volar fuera de mi mente. Así que, con una sonrisa en la cara y el pecho aún lleno de emociones, deja que te escriba todo lo que alguna vez quise contigo:

-Lo primero, es que yo, contigo, lo quise todo. No quise un rato, ni un capricho, ni quererte a medias, ni mal. Quise los 365 días contigo y los bisiestos también, las cuatro estaciones, los días y sus noches y todo lo que contuviesen. Quería hacer malabares con todas las cosas, para robarle tiempo a la vida, para estar a tu lado.

-Quise conocerte, más que nada en el mundo. Y, no, no hablo de conocerte en persona, qué también. Hablo de conocerte a ti, a XXXXXX, con todo lo que eso significa. Quería conocer tus luces y tus sombras. Tus momentos de grandeza y tus ideas más bobas. Quería conocer tus miedos, lo que te hace reír, lo que te hace llorar, lo que te hace ser tú y solo tú. Quería conocer incluso lo que no conoces de ti misma. Cada recoveco de tu alma, cada pincelada de tu identidad. Te lo dije una vez, y me reitero, quería poder mirarte a los ojos y saber en qué estás pensando, qué necesitas y dártelo o, al menos, intentarlo. Quería poder descifrar cada uno de tus gestos, cada sutileza de tu voz, cada mueca y expresión, cada vez que tus palabras decían una cosa que significaba en realidad otra muy distinta. Quería dedicar mi alma entera al maravilloso proyecto de descubrirte, de entenderte y quererte, total y plenamente, y simple y llanamente, por ser quién eres.

-Y es que no necesitaba de ti grandes cosas, no necesitaba nada extraordinario, porque es fácil amar lo perfecto o lo que nadie tiene. Es fácil amar en los buenos tiempos, pero más bonito es amar en la realidad, en las pausas, en los días grises, en la normalidad. Y, yo, XXXXX, quería acompañarte en lo ordinario, porque sentía que lo común se volvería mágico a tu lado. Y, por eso, quería lo cotidiano contigo: dar largos paseos con nuestros perros por la playa, recogerte y llevarte a los sitios, esperarte hasta el punto de la exasperación cuando llegases tarde; quería cocinar a tu lado, cocinar para ti, dibujarte corazones en los platos y sonrisas en las tostadas; quería llevarte a cenar a un McDonalds o al mejor restaurante del mundo, o en el asiento de atrás de mi coche, o sobre una manta en la playa bajo una lluvia de estrellas; quería descubrir contigo nuevos sabores o revivir mil veces los mismos, porque incluso las experiencias que no significaban nada, creía, que contigo lo significarían todo. Quería pasear contigo, cogerte de la mano, entrelazar mis dedos con los tuyos y no soltarte; quería besarte en cada portal, en cada calle, y comerte con los ojos mientras se me escapa sin querer lo mucho que te quiero; y quería ir al cine, al teatro, a un concierto o a mil. En mi cabeza tenía tantas ideas… algunas tan bobas, pero, a la vez, tan bonitas… yo que sé, pensaba en cosas tan absurdas como dejarte las llaves del coche y ser yo quien te enseñase a conducir, porqué sí, porque quería ser esa persona para ti. O… no sé, quería oírte cantar, aunque no lo hicieras bien, y quería hacerlo contigo, aunque yo, sin duda, no lo haga bien. Y mil veces me he imaginado escribiendo mis novelas a tu lado, inspirado por la dicha de tenerte cerca, mientras tú dibujas algo en un lienzo o en un papel. He imaginado muchas veces verte desenfundar el ukelele mientras yo estoy al mando del piano, y ponernos a tocar cualquier cosa, tratando de hacer nuestra propia música juntos. Y todas y cada una de las veces, era un desastre, pero un desastre perfecto. O, ¿por qué no? Pasar un día entero holgazaneando en la cama o en el sofá, escuchando como llueve o estando demasiado a gusto a tu lado como para querer hacer algo más que no fuese abrazarte bien fuerte mientras vemos una película a la que sé que no prestaría atención, porque mis ojos no serían capaces de despegarse de ti.

-Y no lo sé… quería oír todas tus historias, por insignificantes que pudieran ser, porqué moría por saber cada cosa que te sucediese en el día. Quería saber qué te importa y qué no. Acompañarte en tus tareas, darte apoyo en tus exámenes, darte ánimos cuando creyeses que te iría mal o que no podrías con todo, y celebrar después que, al final, todo acababa saliendo bien.

-Quería hablar contigo horas y horas, que se nos fuese el tiempo, que se hicieran las tantas y aún tuviésemos cosas que contarnos, quería tener que pelearme con el sueño para poder seguir escuchando tu voz, por no querer perder ni un segundo de estar contigo. Y una vez dormido, quería seguir ahí, soñando contigo y en todas las aventuras que nos quedaban por vivir.

-Y quería tener arranques de pasión desenfrenada, desnudarte el cuerpo y el alma. Quería hacerte mía, ser tuyo, ser nuestros bajo las sábanas, deprisa, despacio, con dulzura o salvajemente. Me daba igual, lo quería todo, de cualquier forma, de cualquier manera, que te erizara la piel, te entrecortara el aliento y te hiciera estremecerte. Quería tu cuerpo contra el mío, no saber dónde empiezas tú y dónde termino yo. Quería tus pupilas dilatadas, tus gemidos de madrugada, ser un escalofrío en tu espalda y el fuego que te enciende. Quería ser tu mayor fantasía, quien satisficiera tu lujuria; el nombre que repites, sin pensarlo, sin querer, mientras el placer te invade. Quería ser dueño de tus secretos, con quien hicieras aquello que con nadie más te atreverías, a quien confiarle lo inconfesable. Quería ser explorador de tu cuerpo, quien te re-enseñara los cinco sentidos, quien te descubriera placeres prohibidos de ti misma que ni tú conocieras.
Y quería quedarme después. Seguir ahí, contigo. Abrazarte hasta dormirme y que fueses mi luz del sol al despertar.
Quería quererte despierta y dormida, deslizar mis dedos por tu espalda, besarte en la frente y sentirme con suerte, con toda la del mundo, por tenerte a mi lado. Quería verte echa un desastre, en tus peores días, cuando menos te gustas, y suspirar profundamente de lo mucho que me encantas. Y quería verte brillando, cuando te sientes guerrera, cuando estás que rompes y lo sabes, y sentir que algo dentro de mí se quema, porque estás tan preciosa que dueles.

-Quería llenar tu vida de flores y colores, de aventuras, de alegrías. Encontrar cualquier excusa para sorprenderte, cualquier pretexto para improvisar nuevas formas de hacerte feliz. Quería hacerte reír, pero reír de verdad, como una loca, con esa risa sincera que se escapa y no se puede contener, con esa risa ridícula que todos tenemos, que nos nace de dentro y lo llena todo. Y yo quería sentir como tu risa se convertía en la banda sonora de mi vida. Porqué, ¿quién necesita música pudiendo tener tu voz alegrando mis días?

-Quería abrazarte fuerte y que soltarte me doliera. Quería rodearte por la cintura, atraerte a mi cuerpo y oírte respirar, sentir el olor de tu pelo en mi cara, los latidos de tu pecho sobre el mío. Y quería bailar contigo, una lenta, una canción ñoña que quizás ni me gustase, pero que me pareciese perfecta porque describe a la perfección lo que yo sentía por ti. Quería sentir que la gente, la música, el mundo entero se desvanecía y solo quedábamos nosotros, porque nosotros éramos lo único que importaba.

-Quería verte crecer, en todos los aspectos de la vida. Quería verte madurar, aprender, cambiar y evolucionar. Quería estar ahí en tu graduación, en tu primer empleo, en tus futuros proyectos y en todo lo que estuviese por venir. Quería ser viento en tus alas, quien le cortase los “im” a todas las cosas que tú no creías posibles, pero que yo sí. Porque quería, por encima de muchas otras cosas, tenerte una fe absoluta, verte con la capacidad y el talento de lograrlo todo.

-Y quería discutir contigo. Mucho, muchísimo. Quería enfadarme y perder los papeles y que tú también lo hicieras, quería que nos matásemos por tonterías o nos rompiésemos la cabeza por temas importantes, porque, la verdad, es que yo no quería una ficción a tu lado, quería lo real y lo real duele y es feo a veces. Pero igual que quería también esos momentos horribles, quería encontrar la forma de arreglarlo, encontrar las palabras exactas para seguir luchando a tu lado, para seguir construyendo y así no tener que pensar nunca que te d, que nos di, por perdidos. Y, luego, quería sellar con un beso la promesa de seguir queriéndote y de quedarme a tu lado.

-Y hubiese querido cuidarte, pero cuidarte de verdad, en los momentos más desagradables, en los dolorosos, en los momentos en los que no quiere quedarse nadie. Me hubiese encantado cargar contigo el peso de tu sufrimiento sin importar lo grande u oscuro que este fuese. Hubiese querido ser tu abrigo, tu apoyo y respaldo. Me hubiese encantado estar a tu lado mientras lloras, prometiéndote que, eventualmente, todo estará bien; me hubiese encantado empoderarte cuando te sientas vencida, apaciguar tu ira y tu frustración cuando algo te enfade; arrancarte una sonrisa en tus peores días, hacerse sentir segura cuando tengas miedo; animarte a probar cosas nuevas, a cruzar tus límites, a alcanzar cosas que jamás imaginaste. Me hubiese encantado cuidarte cuando estuvieses enferma, hacerte de enfermero de guardia, siempre pendiente de que estuvieses bien. Y no me hubiese importado acomodarte la almohada, taparte con mantas, limpiarte los mocos de la cara, rascaste dónde no pudieses, cogerte de la mano mientras tiritas de frío o deliras de fiebre, vestirte o desvestirte y, en definitiva, estar ahí para ti en tus momentos más vulnerables esos que, de algún modo, también son parte de ti.

-Y quería besarte, quizás más que nada en el mundo. Quería envolverte en mis brazos, cogerte de la cintura, y besarte en la frente, en el pelo, en los labios, en cada rincón de tu cuerpo, en cada cicatriz, en cada parte tonta que tú creas imperfecta, sin saber que en realidad no lo es. A veces, en este tiempo, me he dejado invadir por este pensamiento y, a menudo, me he acabado preguntando cómo podía ser posible que, por ejemplo, te acomplejasen tanto tus labios, cuando durante meses yo no he sido capaz de sacármelos de la cabeza. Y, a día de hoy, sigo sin entender cómo puede haber algo tan paradójico, como tú puedes odiar algo tanto de ti y yo, irónicamente, amarlo tanto. Y, supongo que eso es parte también de lo que quería contigo: besarte donde te duele, besarte en tus rarezas, en tus incertidumbres, en tus miedos y complejos, besarte dónde los labios no alcanzan, pero el corazón sí.

-Y quería que formaras parte de mi mundo, que irrumpieras en él como un meteorito, que conocieras a mi familia, a mis amigos, que, un día, pasases de ser una extraña a una conocida habitual, una pieza clave en mi vida, y que todo el mundo diese por hecho que siempre habías estado ahí, de tan impensable que sería la idea de que hubiese habido un tiempo en el que tú no formaras parte de todo aquello. Y, claro, por supuesto, yo quería ser parte de tu mundo. Conocer a tus amigos, ganarme a tu familia, aunque me tuviese que dejar la piel por demostrar que yo era la persona indicada y que haría lo que fuera por hacerte feliz. No sé, quería tener que desplegar toda mi artillería de hombre dulce y encantador y, al final, disipar a fuerza de voluntad y amor sincero cualquier duda que pudiese existir. Porque, después de todo, yo quería vivir las fiestas contigo, las Navidades, las Pascuas, las vacaciones, San Juan, San Jordi… todo, aunque para mí, cada día, sin importar el mes o el número, fuese una celebración solo por estar a tu lado.

-Quería ver el mundo entero a tu lado. En mi cabeza, hemos estado en todas partes: en Grecia, Italia, México, Japón, Nueva York, Los Ángeles, Cancún, Tailandia, Noruega, Egipto, la India, Népal, Polonia, Turquía, Laponia, Costa Rica…, hemos cogido cientos de vuelos, conducido miles de kilómetros, caminado incontables rutas… hemos visto tantas cosas… maravilla, tras maravilla… y para mí, ninguna ni remotamente cerca a lo que eres tú. He soñado tantas veces con estar tumbado a tu lado bajo las estrellas, persiguiendo con el dedo a esta o a aquella constelación, o a compartir una manta y algo caliente junto a una chimenea. En mi mente has viajado tan lejos en el asiento de atrás de mi moto, que a veces se me hace raro el pensar que ese lugar no esté grabado ya con tu nombre. ¿Pero sabes? Al final qué importaba el lugar… lo único importante era tu compañía.

-Y quería ver atardeceres y amaneceres a tu lado, ver cambiar el mundo sintiendo como única certeza que lo único inamovible, lo único que no cambiaría nunca, era lo mucho que sentía por ti.
Siento, en el fondo, que esta podría ser una lista infinita. Quizás sea parte de su encanto, el que siempre hubiese cosas que quisiese hacer contigo, que nunca se me acabasen las ideas ni mucho menos las ganas, que siempre hubiese cosas que me alejaran de cualquier remota idea sobre un final. Suena ingenuo, pero, en el fondo, esto es algo que también quería contigo: el quererlo todo y nunca dejar de hacerlo, el desplegar una lista interminable, quizás infinita que, al final de mis días, me hiciese poder decir que hice lo que pude y exprimí todas mis posibilidades de vivirlo todo a tu lado, todo lo bueno y todo lo malo también.

Supongo que al final, entonces, todo lo que te he contado aquí es más bien “casi todo lo que quise contigo”. Son muchas cosas, pero, si te soy sincero, creo que siempre me sabrán a pocas.
 
Antiguo 22-Sep-2024  
Super Moderadora ★
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Lance, si separas el texto por párrafos se podrá leer mejor.
 
Antiguo 22-Sep-2024  
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Pero no llegaste a conocerla siquiera y te dejó tirado con una rosa?
 
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Sí... en la que iba a ser nuestra primera cita.

Sé que suena raro, y creo que hasta suena a pringado, porque vivimos en una sociedad de inmediatez y parece que todo tenga que llevarse al mundo de lo físico.

Pero cuando yo empecé a desarrollar sentimientos por ella, lo hice por cosas que iban más allá.

En realidad, me siento cómo un tonto, pero estuve mucho tiempo con refuerzos intermitentes. Y en su momento tenía la mente tan comida que normalicé muchas cosas y perdoné muchas que no debería haber perdonado (entre ellas el plantón). Ahora me parece absurdo, pero mientras lo vivía tenía sentido.

Sin embargo, creo que no haberla conocido en persona no hace de mis sentimientos menos reales.
 
Antiguo 22-Sep-2024  
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Hombre, a ver... estar conociendo a alguien que te gusta online es para llevarlo al mundo de lo físico, mantenerlo mucho tiempo online, o por correspondencia como hacían hace siglos, pues es demasiado idealizar. En realidad hasta que no has quedado muchas veces con alguien, e incluso gente que viven al lado después de mucho tiempo, no sabes realmente como es, así que vete a saber si esta persona es o no realmente quien dice ser, y las historias que contaba ciertas o no, y por éso ni se presentó a la cita

A mí no me suena a pringado, sino más bien a que ella fue desconsiderada, si no tenía interés sentimental al menos podría haberlo dicho en su momento, no andar con romanticismos también. Te ilusionaste demasiado, por desgracia.
 
Antiguo 22-Sep-2024  
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Bueno, es que, evidentemente, yo pretendía llevarlo al plano físico, y ella jugó mucho tiempo con la idea de vernos.
El día antes de la cita a la que no se presentó, de hecho, me mandó una foto en bragas.
Lo que yo he explicado es el final de una historia más larga y compleja. Pero, sin querer quitar mi parte de culpa, ella también hizo muchas cosas para que se me creara la idea en la cabeza de que sí podíamos estar juntos.

Y lo de que si era la persona que decía ser. Bueno, físicamente sí (aunque usaba muchos filtros). De personalidad y emociones realmente no. Porque decía ser de una manera y era de otra. Al final, la lección que yo aprendí aquí ha sido que te dijes más en lo que hacen que no en lo que dicen las personas.
 
Antiguo 16-Oct-2024  
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gran texto. lo lei todo. te quiero felicitar

es verdad eso de la idea que se forma. es uno mismo quien lo hace por eso cuesta desechar. es como un extracto que uno saca de si, es tuyo, por eso duele cuando no esta.

me hiciste acordar que yo tambien escribia bastante cuando estaba enamorado. recuerdo que cuando ella se fue a otro salon y me di por vencido por que tenia novio creo. elimine todo lo que habia escrito en mi tablet, algo que sin querer eran + de 200 paginas. gran parte de amor y depresion. decidi borrarlo porque me di cuenta que me estaba haciendo daño, yo mismo. esa sera otra historia.
 
Antiguo 16-Oct-2024  
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20 minutos en coche, vaya distancia tan insalvable
 
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