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A mi es que me espanta el frío, hasta después de muerto.
Luego está el tema económico: una burrada de dinero del copón, que si encima es proporcional al tiempo en el congelador, te hace despertar hipotecado y con un abogado haciéndote firmar que tu vida pertenece a un señor feudal del futuro y que vayas preparándote, que te destinan a las caballerizas para ser esclavo por 560 años (pa que luego digan que es chachi que se viva más en el futuro).
Y además pedirán un adelanto, una fianza, una señal, porque no debe salir rentable que te hagan hueco en la nevera, junto a los demás bultos y luego te rajes, y les digas que no, que te lo has pensado; que si tienes hijos han de ir a una universidad privada blablabla.
Yo, en particular, con mi espartano estilo de vida, me quedaría sin mis caprichillos y ocio, comiendo en latas de conserva para ahorrar en el congelador, mientras sueño con lo chachipiruli y prodigioso que será mi futuro tras palmarla probablemente de inanición, antes que otra cosa. Me niego rotundamente a que se desencadenen estos tristes hechos.
Luego está el tema de la fiabilidad. Que si a uno le ponen en el recipiente, eso tiene que estar zumbando y funcionando para que no se derrita el chiringuito; y como caiga un rayo en un transformador, vengan los ovnis de Raticulín, haya una tormenta solar o un técnico le dé al botón rojo sin querer (porque estaba bajo los efluvios de un dulce néctar de caña de azúcar) se liará parda; luego harán como que no ha pasado nada, y hale, mejor a este pringadete le clonamos, hacemos que crezca en un útero a pilas, conectado por USB a una Matrix, y demás cosas horribles. Genial, vamos.
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