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Ayudar está bien cuando hay una amistad real. Con compañeras que no lo son, conviene tener cuidado.
A nivel psicológico, las personas ajustan su comportamiento según las respuestas que reciben. Cuando alguien es empático, responsable y evita el conflicto, los demás aprenden —muchas veces de forma inconsciente— que pueden pedirle más. No es tanto mala intención como una adaptación: el cerebro tiende a repetir lo que funciona y requiere menos resistencia.
Incluso entre amigos ocurre, aunque una amiga suele autorregularse más. En el trabajo, donde prima la comodidad y el interés, poner límites no es dejar de ser buena persona, es protegerse.
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