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Desde que me dejó, sin explicaciones lógicas, han pasado casi 4 meses.
Yo la quería (quizá la quiero todavía, no lo sé) y, claro, empecé a pasar un infierno.
Como soy un débil, intenté casi de todo para volver con ella y lo único que conseguí fué provocarle la risa y el desprecio. Debía de pensar que yo era un calzonazos.
Y tenía razón.
Le apliqué 3 veces el famoso contacto cero y 3 veces encontré cualquier excusa tonta para romperlo.
El tiempo fue pasando y ella, con su actitud, me dejaba bien claro que pasaba de mi pero nunca terminaba de declararlo abiertamente. Ya se sabe: es la táctica de dejar la puerta entreabierta por si acaso me necesitaba y así tenerme siempre a su disposición. Esto funciona muy bien con tontos sin dignidad como yo.
Un día, me decidí a reintentar en contacto cero. Quede bien claro que para reanudar mi vida sin ella, no para recuperarla, ya que había perdido toda esperanza. Esta vez, mantuve un contacto cero estricto. Ni siquiera pasaba por la zona donde ella vive y, por supuesto no pisé por los lugares que frecuenta.
Han pasado 19 días. Sigo sin hacerlo, pero ha ocurrido algo.
Ayer me la encontré por la calle. Se paró, pensando seguramente en decir algo. Nos miramos. Nos vimos claramente.
Pero yo pase de largo. Sin decir nada. Como un extraño más. Y allí la dejé plantada.
Lo mejor de todo es que no sentí otra cosa que orgullo, por haber actuado de esa manera.
Creo que me estoy curando.
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