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Por lo que he leído buscando el palabro, hay un índice de postureo y olor a 'influencer' que tira para atrás. Se hacen fotos vistiéndose como en los años '60 y recolectando 'likes'.
La risión.
Es ley del péndulo. Harta tanta modernez y se vuelve a lo tradicional. Para dar notoriedad a la jugosa contracorriente, se recurre a la pose por redes sociales, que tiene de tradicional lo que yo tengo de marino mercante de contenedores chinos. Pues ya me dirás cómo casa la discreción con buscar casito haciendo tik-toks chorras luciendo el nuevo modelito de vetusta vestimenta. Hoy me pongo una cofia, mañana me pongo un faldón de flores (risotadas plus).
Estamos que lo tiramos. Mi propuesta para dar la nota del todo es volver a esos olvidados estilos decimonónicos. Selfie subiendo las pesas del reloj de carrillón con sonería, vídeo 4K mostrando cara de sorpresa al leer en el diario sobre la invención de unas cosas llamadas daguerrotipos. Paseos en carruaje por la campiña. Emular la era de los diezmos y la peste negra, para los expertos.
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