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Experimento una sensación de inseguridad en relación a mi aspecto. Mis características físicas no parecen agradar a la mayoría de las mujeres.
•Soy bajo (1.60).
•Tengo un pene pequeño (10 centímetros erecto).
•feo facialmente.
Esta inseguridad se origina en el hecho de que las probabilidades de hallar mujeres solteras a las que les gusten mis características son considerablemente reducidas. Adicionalmente, esta perspectiva puede resultar en una desilusión, ya que el sesgo negativo es fuerte. Cabe destacar que comprendo que no todas las mujeres sentirán atracción hacia mí, no obstante, cuantas más mujeres valoren mis particularidades, mayores serán mis posibilidades de establecer una relación con alguien a quien le guste.
La primera evaluación recae en mi apariencia a primera vista, mientras que la segunda se relaciona con aspectos de mi desempeño sexual.
Un elemento que contribuiría a mi confianza personal sería la aceptación generalizada de mis características físicas por parte de las mujeres, lo cual me otorgaría una sensación de serenidad. Indudablemente, aún persistiría un cierto grado de inseguridad, aunque no alcanzaría las dimensiones actuales. Es preciso mencionar que las comparaciones que las mujeres pueden hacer respecto a sus exparejas y a mí también generan inseguridad. Aunque tengo una apreciación sólida de mi propia identidad, no puedo evitar que algunas mujeres realicen comparaciones y, por ende, no muestren interés en mis características. El desafío radica en la abundancia de aquellas que, en su mayoría, no les gustaría.
Incluso en situaciones donde compartamos intereses comunes, persisten mujeres a las que mis dos características -mi estatura y mi órgano genital- no pueden resultarles atractivas.
El hallazgo de una mujer que me desee y acepte tal como soy se presenta como una tarea desafiante.
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