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Imaginad que una persona os cae bien y que, además, os atrae. Que en un momento determinado necesitáis que os haga un favor y que no sólo os lo niegue sino que además os trate con dureza. Después hacéis las paces y, aunque no conseguís lo que le habíais pedido, obtenéis algo así como una solución intermedia.
La cuestión es que, a pesar de que todo externamente parece que se ha calmado, no olvidáis ni perdonáis la patada que os ha dado, que hiere vuestro orgullo, y os sentís ofendidos pero, a la vez, os parece agradable la sensación de sentiros ofendidos. Que odiáis al individuo y que disfrutáis odiándole. Que si pudieráis vengaros de él de alguna manera lo haríais sin dudar. Y que, encima de todo eso, os sigue cayendo bien y creéis estar enamorados de él. ¿Os ha pasado algo así? Con una mano le daría de ostias y con la otra le curaría con todo amor las heridas, para darle de nuevo otra vez.
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