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No se puede echar abajo el relato que te has construido. Tu propósito irá encaminado a fortalecer el relato y llevarlo al límite, paulatinamente, que en el caso que nos ocupa, conducirá a una situación imposible, retorcida, sufridora, sin solución. Ataduras a estados de la mensajería, RRSS, y demás chuminadas artificiosas que te alejan de una visión concreta de los hechos, cual pequeño balón de oxígeno que enseguida se agota, en ese afán de postergar lo inevitable.
Es lo inevitable lo que rechazas, y te refugias en un 'quizá pueda haber algo más'. Sí, algo más; con un listo palomo que hace incursiones fuera del matrimonio, o los asuntos torturantes que lleve entre manos. Vamos, un 'partidazo'. Cuando el relato caiga abajo, por tu propia voluntad, con saña, con furia, con ánimo destructor, sabrás proporcionarle la ubicación concreta en tu historia vital, que es la de un advenedizo listo palomo que no sabe ni vestirse por los pies ni tiene la mínima decencia de exponer las cosas sin ocultar o mentir. Lo dicho: partidazo. Ahí tienes la maza. Derriba el puñetero relato. Envíale a la irrelevancia.
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