|
Querida Presidenta:
Ex-presidenta, mejor dicho, ya que has dimitido del cargo que te correspondía en la pequeña república de mi corazón. El cargo está desierto, ahora es una anarquía.
Te amo.
Dicen que el amor si no lo avivas día a día, se acaba apagando. El mío de momento no se apaga con nada. Sólo intento seguir viviendo, eso sí.
Sí que puedo decir que mi ofrecimiento de amistad estará ahí siempre, si la pudieses necesitar algún día. Sabrías cómo encontrarme.
Tu conducta absurda me ha causado más dolor que nadie antes, y eso que he pasado lo mío. Pero sigue siendo mucho mayor lo bueno que me has aportado, aunque fuese involuntariamente, que lo malo. Tu existencia me motivó, me resucitó a la Vida cuando estaba vegetando, me hizo esforzarme, me hizo mejor persona. Te estoy agradecido.
Tu presencia o pensar en tí me llenaban de energia. En parte por eso ahora soy capaz de fingir normalidad y hasta disfrutar de la vida, a ratos, porque me la cambiaste por completo , para mejor. Aunque ahora sea al contrario, algo queda.
Fui honesto contigo. Jamás te dije una mentira y jamás lo haré. Sí callaré la verdad, ya que me lo has pedido.
Voy dandome cuenta de que cometí el grave error de dejar el control demasiado a mis emociones. Pero sabes que ser un frío robot tampoco me pega.
Decidiste quitarme lo poca comunicacion que me quedaba contigo, y lo hiciste a lo grande, cuando te hubiera bastado explicármelo.
Me has tapado la boca. Si te enviase mis cartas irían a la basura sin leer, seguro. Pero no dijiste nada de escribir en la red. Las probabilidades de que leas esto son muy escasas, pero no son cero, quien sabe. Al menos me desahogo, pienso, y aprendo. Y si además puedo aportar el más mínimo consuelo o entretenimiento a otros que también sufren o dudan, mejor que mejor.
Ya que no quieres hablarlo conmigo, podrías hablarlo contigo misma, y responderte, por tu propia salud mental, a la pregunta que me mató: porqué diablos te alteras tanto conmigo si significo menos que nada para tí. No le veo sentido.
Nunca te hice el menor mal, conscientemente, y lo sabes.
Sea como sea, respeto tu decisión. Para eso estamos.
No sé si yo hubiera podido hacerte felíz. Sí sé que gustoso lo hubiera dado todo intentándolo. Estoy seguro que al menos no te hubieses aburrido nunca conmigo.
Sé Felíz, Presidenta, sea lo que sea eso para tí. Para mí era verte sonreir.
A día de hoy, te amo, S.
Suerte.
-como creo que adivinaste, te llamaba Presienta por no llamarte Reina. Es lo que tiene ser republicano juancarlista.
|