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Más allá de la frivolidad del título os quiero contar mi historia que para nada es frívola. Conocí a mi actual pareja siendo muy joven, con apenas 19 años y ella 17. Fue el gran amor de mi vida y yo lo fui el suyo sin duda. Estuvimos juntos más de cuatro años. Por circunstancias que no vienen al caso, me trasladé de ciudad y a 800 kilómetros de distancia nuestra relación se fue desvaneciendo sin darnos cuenta. El resultado final fue que yo puse fin a la relación. Pero he aquí que pasaron los años, nada menos que once años, y por casualidades del destino nuestras vidas se volvieron a cruzar. Me encontré en el contestador un mensaje suyo después de 11 años. Naturalmente, el universo nos había pasado por encima a los dos durante todo ese tiempo. Ella se había casado y tenía dos hijas, con un matrimonio al uso, es decir, rutina e inercia... Yo no estaba ni estoy casado. Me puse en contacto con ella y nuestra intención fue quedar de manera distendida y sincera para recordar viejos tiempos y contarnos nuestra vida. Y así fue. Pero no pasaron ni tres horas en nuestro encuentro para que el amor que fue resurgiera. Ese mismo día nos entregamos el uno al otro. Fue como si el tiempo se hubiera detenido. Como si no hubiera transcurrido la vida que ya nos separaba desde hacía 11 años. A esa cita siguieron otras y otras, hasta hoy. Han sido dos años y medio de relación, inolvidables, pero también muy frustrantes. Durante este tiempo ella ha ido madurando la idea de divorciarse de su marido. Ya no puede vivir con él, porque se ha vuelto a enamorar de mí. Su ruptura con su marido es definitiva, de eso no me cabe la menor duda. En realidad, nunca estuvo verdaderamente enamorada de él, y solo intentó cubrir con él el vacío que yo le dejé. El problema, sin embargo, es que tiene un sentimiento de culpa gigantesco. Y es que no me sale otra palabra para calificarlo. Le da pena su marido. Naturalmente, también está el problema de las hijas y lo que supone una separación para ellas. Durante todo este tiempo he llevado bien una relación de este tipo. Pero ya no puedo más. Creo que dos años y medio es tiempo suficiente como para tomar una decisión y luchar si es preciso contra la resistencia de su marido. Sé que ella está sometida a un constante chantaje afectivo por parte del marido, que utiliza también a las niñas para que no le abandone, etc. Pero yo estoy dejando de ver mi relación con ella como algo comprensible, porque el tiempo juega en nuestra contra. Ya no soporto tener una relación a escondidas, no poder tener un proyecto de vida, depender de las circunstancias para vernos, para estar juntos... El caso es que ellos ya han tenido un primer contacto con abogados y hoy se cumple el mes que acordaron para que el se fuera amistosamente de la casa de mi novia y comenzar así los trámites de un divorcio de mutuo acuerdo. Se supone que mañana tiene que hacer las maletas, diciéndolo friamente. Pues bien, mi pregunta, por la que os pido consejo, es: si no se va, si una vez más ella cede ante sus falsas promesas de irse más adelante, sus excusas, etc. qué hago? Esta es la énesima prórroga que aguanto. Ya no confío en que mi novia tenga el valor ni la determinación como para no ceder una vez más. Y a mí sinceramente me supera esta situación. Mi relación ha llegado a un punto en que me hace sufrir más que ser feliz. Gracias
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