|
Tu vida comienza,
pues tu corazón con tu cuerpo de plástico en contacto entra,
y nada más nacer, ya mueres,
pues un perdigón de plástico te atraviesa.
De sangre azul eres,
como la nobleza o incluso la realeza,
tú, tan fina, y estilosa como ninguna.
Te desangras poco a poco,
Con cada raya, con cada trazo.
Y dibujas.
Líneas y curvas que delatan a tu amo,
sus apéndices bañas en tu sangre,
y estos oscurecidos,
retratan las huellas dactilares de tu asesino.
Tu amo, tu dueño
la fuente de tu agonía, tu maltratador;
quien consume tu vida.
Una vida que sabe dónde empieza,
y de final incierto.
|