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Usuario Experto
Avatar de Delph2220
 
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Hola, compañeros foreros. Hacía mucho que no publicaba un hilo por aquí. Principalmente porque he querido llevar unos meses tranquilos desde mi último plantón amoroso y la muerte de ese querido amigo mío, todo ello sucedido este invierno pasado.

Pero llega el verano y con la estación parece que se despereza en mí el ánimo y las ganas de hacer locuras.

Mi vida es rutinaria. Voy al trabajo atravesando dos calles y después del trabajo a casa. La tarde casi siempre la paso en casa. Lo normal es que cada vez me salgan menos planes para quedar con mi menguante lista de amigos. No me quejo en ese aspecto porque salen cositas. Alguna sesión fotográfica, una excursión, un día con las bicis, una tarde de terracitas... La cuestión es que en esa vida fuera del trabajo no me aparece, como a tantos y tantos foreros de por aquí, ninguna posibilidad de conocer chicas.

Y ahora es cuando entro en materia. Por pura casualidad alguna vez que me ha venido a ver al trabajo un amigo hemos ido a un bar cercano en el que hay mucha animación. A mediodía se llena con los empleados de oficinas, trabajadores y clientes de negocios cercanos. Lo típico.

Yo no soy una persona a la que le guste ir a los bares. Nunca lo he sido. Y menos sólo. He preferido siempre ir a casa al descanso. Me salía gratis el picoteo y la bebida. Tener esa suerte de vivir cerca del trabajo... había que amortizarlo!!!

El caso es que aquel día se repitió posteriormente. Un día que llovía y no me apetecía ir a casa... pues al bar. Otro día que me visitaba otro amigo, al bar. He ido incluso con mi madre. Ay, es que los bocadillos están muy bien. Uy, pues te hacen croissant a la plancha, que es lo que me mola. Mentiraaaaaaaa! No, sí que está bien pero esas no son las razones prioritarias.

Y yo, que ya empiezo a ser perro viejo y me voy conociendo un rato bien, me digo... cuidadoooooo, para el carro, moreno, que sé por donde vas. Y efectivamente... me estoy liando, como el compañero Churro y sus affaires con la argentina.

Hay camareras y son jovencitas. Y yo, un necesitado emocional, aunque me pese reconocerlo, pues estoy cayendo en el hoyo... again.

Las chicas son simpáticas (conmigo y con todo Dios, faltaría más), a veces comparto con ellas unas líneas de diálogo, alguna que otra chanza. Luego son chicas normalitas, guapas pero sin llegar al éxtasis... vamos, asequibles. Y yo que sigo yendo una o dos veces todas las semanas... no había reparado en el hecho de que pudiera volver a coger cariño a alguien, sabiendo todos los desplantes y todas las calabazas, calabazones y calabacillas que llevo recibiendo desde que el mundo es mundo.

Hasta la fecha mi, llamémosle así, sentimómetro interno estaba más frío que la cuenta suiza de Ruiz Mateos (según su hijo, claro). Me había comprometido firmemente desde este mes de marzo a no apegarme por nadie a menos que viese signos inequívocos de una relativa atracción hacia mí. Esto todavía no ha sucedido, así que todo tranquilo. ¡Así debía ser!

Sin embargo, ayer pasó algo. De otro modo, no estaría aquí desmadejando otro de mis hilos de Ariadna. El caso es que, como otrora sucediese, decenas y decenas de veces, me estoy encariñando, en cierto modo, de estas chicas. Y concretamente de una... aunque la verdad es que las dos me gustan.

Empiezo a verme con esta chica y a hacerme la peligrosa pregunta, todavía más soterrada que otra cosa, pero ahí está: "me gusta esta chica". Yo sé que es algo lógico e incluso hasta hermoso y natural pero sabiendo cómo he salido de otras circunstancias similares, incluso con otras camareras, en las que, aún teniéndolo medianamente fácil, me veía sin armas que me capacitaran para seducirlas y sin oportunidades para disponerlas de la manera más acertada posible... creo que en esta ocasión me podría pasar lo mismo. Y no me gustaría nada.

¡En algún momento habrá que triunfar! Y habiendo tenido la miel en los labios durante el año 2012, ahora sé que hay mujeres dispuestas a querer algo conmigo. Sin embargo, tengo dudas.

Sé que en principio no tengo razones para pensar que una camarera, que recibe declaraciones de amor como curriculum vitae, a troche y moche, vaya a recalar precisamente en una persona como yo, que no soy precisamente el alma de la fiesta ni el cuerpo más deseado del barrio.

Aunque también sé que poseo talentos, conocimientos y habilidades, una personalidad interesante y una estabilidad económica que podrían atraer mucho a según qué chicas a día de hoy.

Esta es la situación. Es por esto que aprovecho y pongo el caso en común ante vosotros y vosotras, oh dignísimos miembros de este foro sentimental, para que lo analicéis y despiecéis como Dios os dé a entender, ayudándome a conseguir la mejor de las soluciones.

¡Gracias!
 
 


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