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Pienso que lo correcto es vivir en pareja porque la familia es la unidad básica de la sociedad. Ese es el tema de fondo. Lo que ocurre en nuestro tiempo es que la formación de pareja se complicó hasta el punto en que está incluso invalidada su propia existencia como instituto de organización de nuestras vidas.
Mucho se ha hecho por tratar de salvar a la pareja, desde lo que ha sido la terapia de pareja, pero el tema es que hoy está en cuestión la misma existencia de la pareja, como opción válida para asentar nuestra estructura anímica.
Siempre fui participe de lo que se llama “el matrimonio de prueba” que consiste en irse a vivir juntos sin casarse y luego, si resulta entonces sí, recién entonces, transitar la etapa del matrimonio formal. Porque el tema de la pareja no está necesariamente en la sexualidad. El matrimonio, es también una unidad económica entre dos. No alcanza con poner el énfasis pura y exclusivamente en los aspectos emocionales e instintivos, sino que también tiene que existir una confluencia de objetivos ante el destino común que dos personas en la vida están dispuestas a transitar.
El matrimonio de prueba supone que se intenta lo más difícil y se ensaya con esa situación que consiste en ver por parte de cada cual como se da el convivir reciproco. Porque lo difícil está allí. En como dos personas distintas, con padres diferentes y formaciones diferenciadas conviven mutuamente. Si ésta prueba de fuego se salva y logran convivir armoniosamente juntos, entonces sí, es válido el matrimonio tal como lo concebimos en términos tradicionales.
Más allá de lo que puede ser el “matrimonio de prueba” existen las soluciones de compromiso que consisten en ver lo que realmente importa por parte de cada uno. No hay pareja que funcione sin solución de compromiso, en donde cada cual pone claramente sus límites y negocia con el otro su situación. Eso debe ser hecho con lealtad y coherencia. No vale a los 3 años descolgarse con cosas raras. Hay que poner allí, en la fase del matrimonio de prueba las cartas sobre la mesa. Todo, incluso una posible bisexualidad de alguno de los miembros de la pareja. El sinceramiento debe ser total.
La pareja actual está en transformación porque la sociedad moderna es conflictiva y está en crisis de valores asediada por el cambio tecnológico y laboral que estamos viviendo. La pareja no es un clavel del aire sin raíces en la realidad económica. Existe para reproducir la especie y sigue la lógica implacable de la lucha por la sobrevivencia económica que la especie requiere para perpetuarse y continuar.
Pueden existir otras soluciones a la pareja tradicional: Vivir cada cual en su casa y verse muchas veces y estar juntos los fines de semana: vivir en concubinato pero como matrimonio de prueba, hasta llegar al momento en donde ambos –no ella ni él, sino ambos- entiende que vale la pena el matrimonio tradicional. Todo, sea cual sea la fórmula empleada, debe coadyuvar a respetar los tiempos, los espacios y los límites del otro, porque lo que desgasta y asfixia es la convivencia, en donde a ella solo le cabe el rol de doméstica y a él, el de señor feudal. Ese modelo clásico es el que hoy está en cuestión.
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