Algunas veces en la vida se presentan oportunidades que si las sabés aprovechar y le dedicás toda tu energía e imaginación, pueden producir resultados sorprendentes.
Algo así nos pasó a un amigo y a mi, cuando estábamos comenzando nuestros estudios universitarios. Había que reciclar los desechos industriales de la empresa de mi padre, cosa que no era tan complicada, pero si había que hacerlo con responsabilidad.
Nuestras primeras operaciones comerciales nos resultaron tan lucrativas que le pregunté a mi padre si podía contactarnos con otras empresas similares; el accedió, pero no nos aseguró que su recomendación fuera importante porque después de todo eran competidores.
Por fortuna se equivocó, porque su competencia tenía la misma necesidad que él en no tener complicaciones y aceptaron de buen grado hacer trato con nosotros. En pocos meses mi amigo y yo facturábamos cifras siderales teniendo en cuenta que aún no habíamos cumplido veinte años.
Tuvimos que tomar empleados y en un momento me planteé si eso era lo quería seguir haciendo, porque era obvio que mis estudios se resentían. El decidió que si, yo decidí que sacrificaría ese año para que nuestro emprendimiento se fortaleciera, pero después, o bien le vendía mi parte a él o bien buscábamos a otro, porque me interesaba continuar en la universidad a full.
El resultado fue que yo le vendí a él, que recibió apoyo financiero de un tío y pude disfrutar de un largo período de liquidez financiera y darme varios gustos. Pero mi amigo siguió y siguió con su empresa hasta levantar una inmensa fortuna.
Como seguimos con nuestra amistad, algunas veces salíamos juntos a divertirnos y cuando conocíamos chicas, en algún momento salía lo "de" a qué se dedica cada uno.
Siempre recuerdo el efecto casi hipnótico que producía en muchas chicas la respuesta de mi amigo con sólo veintitantos, que además la decía con toda naturalidad y sin arrogancia: Empresario.
Algún día tengo que escribir más extensamente sobre todo aquello, porque siempre he estado atento a las reacciones de las personas, me gusta observarlas... sobre todo si no se percatan... defectos de "mi" profesión.
Empresario... y se producía un cierto estado de recogimiento, algo como si estuvieran conociendo a un chico venido de otro planeta. Comprendo que a la edad que teníamos entonces, eso sonaba a algunas chicas, como algo mucho más sorprendente que si dijera que venía de obtener un doctorado en Harvard. Porque esa palabra no era una promesa de un posible brillante futuro... era un brillante presente.
Me divertía mucho con todo eso, pero él comprensiblemente no. Era y es, una persona sencilla y honesta pero esas reacciones a tan temprana edad, lo volviron desconfiado.
He dicho "algunas chicas" en mi relato, no pongo a todas en la misma perspectiva. Aunque también comprendo a las que si les importe conocer a todo un empresario, no lo veo como algo negativo porque acepto la diversidad humana, sus prioridades, sus distintos proyectos, sus anhelos de consolidación para ellas y su desendencia...
Me llamó la atención no ver la palabra mágica.