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En general, creo que entre los 18 (tras salir de la denominada edad del pavo) y los 25 (algunos, sobre todo hombres, se podría alargar hasta los 30).
Personalmente, tengo casi 20 años y sólo siento ganas de comerme el mundo cuando pienso en el amor que tengo hacia mi pareja y en todo lo que me gustaría poder compartir con él, él es la fuerza que hace que en determinados momentos me sienta capaz de todo y que el mundo sea completamente mío o, mejor dicho, nuestro.
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