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Le sientes distante porque te desprecia. También gran parte de ese sentimiento es de desengaño, pues no le has dado la patada en su debido momento y te estás arrepintiendo de haber dado tanto para recibir tan poco.
Mientras que el sentido de la justicia deja claro que quien la hace la ha de pagar; que quien abandona a una persona pierde a esa persona, hay un pensamiento mágico, inconsciente, en el amor romántico, que acepta el sufrimiento (a veces, mucho sufrimiento) con la esperanza de que alguien que te desprecia como hace ese chico recapacite y te ruegue volver.
¿Qué consigues con eso? Perjudicarte, perder el tiempo, llorar por alguien que te desprecia, y fomentar el daño que él pueda hacer hacia otras personas, pues ve beneficio en el desdén y el desprecio. Ve beneficio en el sufrimiento ajeno.
¿Qué ocurre? Que tienes esa idea, esa idea demoledora, autodestructiva. Esperas recompensa a partir de tu sufrimiento, y esa recompensa nunca llegará, por lo que el sufrimiento se hace aún mayor, y comienza a convertirse en arrepentimiento, por sufrir por quien no merece tu sufrimiento. No merece absolutamente nada. Piensas en ese año perdido y te vienes abajo. Sufriendo la espera no podrás cambiar la situación.
Ya has hecho algo que no te funciona. Ahora prueba por hacer algo radicalmente distinto que es desaparecer de su lado, borrarle de tu vida. Te propongo borrarle definitivamente, y llegado el momento, si es que llega (ojalá no llegue), te propongo que si quisiera saber de ti, le devuelvas ese silencio que te ha dado. Esa es la justicia. Esa es la lección de la vida. No son las reglas del amor que él mató hace mucho tiempo. Es justicia para ti.
No recuperarás el tiempo perdido pero reconducirás tu vida afectiva por un buen camino. La última vez que me mostraron desprecio, en un mes ya tenía la sentencia y esa persona no volvió a saber de mi, ni yo de ella. Me alegro de que así sea cada vez que muere el amor.
Mejórate, reflexiona sobre la pérdida. Aún estás a tiempo. Te seguimos leyendo.
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