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Hola Pablo,
Comprendo perfectamente lo que sientes.
Todo el día estoy con gente a mi alrededor, en la noche voy al gimnasio o a trotar, y luego a visitar a mis padres y compartir un rato con ellos. Pero me hace falta algo; me hace falta estar pendiente de alguien y que ese alguien esté pendiente de mí, escribirle tonterías o simplemente llamarla porque me hace falta oír su voz. Se me llena el corazón de tristeza cuando en la noche abro las puertas de un apartamento oscuro y vacío, sabiendo que nadie me va a llamar, nadie me va a escribir... que a nadie le hago falta de verdad.
A mis 42 años, recientemente fue que pude por primera vez expresarle a alguien todo eso que tenía guardado, y sin mentir, me sentía muy feliz, me sentía con esperanza, con ganas de despertar para poder saludar a ese alguien. Pero ya que no está, es mucho más difícil sobrellevar está soledad, porque ahora la acompaña el miedo... miedo a volver a entregar el corazón y ser rechazado nuevamente.
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