(Nuevos Primero)
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| 23-Jun-2025 22:30 |
| Danteojos |
Cita:
Iniciado por patatinpatatan
Es una historia preciosa, al igual que las otras 4.
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Celebro que te gusten, Patatinpatatan
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| 23-Jun-2025 19:32 |
| patatinpatatan |
Es una historia preciosa, al igual que las otras 4.
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| 23-Jun-2025 19:31 |
| patatinpatatan |
Cita:
Iniciado por Danteojos
Ya somos dos. También a mí me ha parecido siempre un personaje inquietante y perturbador. A fin de cuentas, aunque edulcorado, Pinocho no deja de ser también un "muñeco diabólico", como Chucky 
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Por vuestra culpa ya no podré volver a mirar a Pinocho con los mismos ojos
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| 23-Jun-2025 16:32 |
| Danteojos |
Cita:
Iniciado por Ginebra
A mi Pinocho siempre me ha dado muy mal rollo, incluso el de la versión Disney que parece tan cuqui. Hay algo en toda esa obra que me da como angustia.
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Ya somos dos. También a mí me ha parecido siempre un personaje inquietante y perturbador. A fin de cuentas, aunque edulcorado, Pinocho no deja de ser también un "muñeco diabólico", como Chucky
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| 20-Jun-2025 11:26 |
| Ginebra |
A mi Pinocho siempre me ha dado muy mal rollo, incluso el de la versión Disney que parece tan cuqui. Hay algo en toda esa obra que me da como angustia.
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| 19-Jun-2025 22:23 |
| Danteojos |
Historias de amor legendario 6: Pigmalión y Galatea
Por si alguien no lo sabe, Pigmalión fue un antiguo rey de Chipre que, como la gran mayoría de los hombres de su generación, se enamoró perdidamente de la diosa Afrodita. Este tipo de encoñamiento era habitual en quienes conocían a la diosa del amor y la lujuria, pues como ya expuse en el hilo sobre ella, la belleza y encantos de esta mujer no tenían parangón, ni en la Tierra ni en el Olimpo.
Afrodita era, por lo demás, muy voluptuosa y aceptaba de buen grado en su lecho a prácticamente todo aquel que postulaba a sus encantos, ya fuesen dioses o humanos, pues le encantaba eso de refocilarse con los placeres sicalípticos. Sin embargo, por alguna razón que ahora se me escapa, el bueno de Pigmalión no le sedujo lo suficiente, de modo que fueron al parecer varias las veces que le hizo la cobra.
Desesperado por tan gran y cruel rechazo, Pigmalión decidió entonces construir una estatua de marfil que imitase en todo a su adorada Afrodita, tanto en las facciones como en el cuerpo. Para ello se pasó días y noches metido en su taller, ocupado todo el tiempo en la tarea de esculpir y dar forma a tan magna obra. Se dice que apenas comía ni dormía, obsesionado que estaba en recrear sobre piedra a su mujer ideal, la mujer diez. El resultado fue una creación de una belleza tan asombrosa que, aunque fuese de marfil, parecía ciertamente humana, más aún cuando Pigmalión la vistió con primorosos vestidos y adornó su cuerpo pétreo con las joyas más fantásticas y resplandecientes.
Pigmalión bautizó a su creación de piedra con el nombre de Galatea y tan satisfecho se sintió de lo que había creado, que la visitaba a todas horas. Todo en Galatea la resultaba fascinante, sus manos, sus ojos, su cuerpo, hasta el punto que terminó enamorándose de ella, como si, en lugar de estar hecha de marfil, fuese de carne y hueso.
Enfebrecido de amor, Pigmalión pasaba ya todo el tiempo junto a Galatea, con la que hablaba a diario, al tiempo que la besaba, abrazaba, mimaba y hacía carantoñas de todo tipo. Lo único que no podía era zumbársela, pues por mucho lubricante que hubiera podido utilizar, ya me diréis como iba a poder fornicar con una mujer hecha de piedra. ¡Si al menos hubiese utilizado silicona en lugar de marfil! Pero digamos en su defensa que tampoco pensó cuando comenzó a esculpirla que iba a terminar tan encoñado.
Así las cosas, cuando Afrodita se enteró de lo que había hecho Pigmalión y del profundo amor que sentía hacia la estatua que la representaba a ella misma, se sintió tan conmovida que utilizó sus poderes de diosa para que la estatua cobrase vida. Y así, desde entonces, Pigmalión y Galatea pudieron dar por fin rienda suelta a su pasión y ser felices y comer perdices para siempre. Incluso llegaron a tener un hijo, al que pusieron por nombre Cíniras y del que hablaré en otra ocasión, pues su historia también tiene tela.
Por lo demás, este mito griego ha dado origen a lo que se conoce como el “efecto Pigmalión”, que tendría lugar cuando una persona se empeña en modelar a otra para hacerla tal y como él desea y, una vez lo ha conseguido, termina enamorándose de ella, tal y como le sucedió a Pigmalión con Galatea.
Este mito de Pigmalión ha sido en este aspecto fuente de numerosa literatura, destacando la obra homónima de George Bernard Shaw, que fue llevada al cine bajo el título “My fair lady”, con Rex Harrison y Audrey Hepburn . Es una peli realmente buena, donde Audrey Hepburn está increíble (bueno, Audrey Hepburn era un ángel y los ángeles siempre están increíbles). Especialmente memorable es aquella escena donde Harrison le pide a Audrey que repita una y otra vez la frase “La lluvia en Sevilla es una maravilla” 
Este mito también ha inspirado a obras de extraordinaria relevancia, como “Pinocho”, “El retrato de Dorian Gray”, de Oscar Wilde, o incluso el mismísimo “Frankenstein”, de Mary Shelley.
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