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Tema: ¿Olvidar o no olvidar? Responder al Tema
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07-Apr-2025 01:44
No Registrado Yo opino muy similar al usuario Kafkiano, creo que tanto el olvido como la memoria son involuntarios, los recuerdos están ahí buenos o malos, podemos proponernos olvidar algo desagradable, pero a fuerza de no pensarlo hacer que se recuerde más o recordarlo de vez en cuando o por el contrario podemos proponerlos nunca olvidar algo y aún así sucede.

Siempre he creído y notado por experiencia propia y de los que me rodean que cada quien recuerda más lo que le ha sido más agradable y significativo de recordar en la vida. Y también que quienes tienen pocas alegrías recuerdan más los momentos malos. Es decir si en un periodo de tiempo te pasaron muchas cosas buenas y solo una o dos malas, con el pasar del tiempo y según que cosa el.debido proceso de duelo o superación o aceptación recordarás más ese periodo por las cosas buenas que te pasaron que por las malas.
La gente que tiene una experiencia negativa y casi ninguna positiva o que no trabajó en aliviar el sentimiento o consecuencias que dejó la experiencia negativa, la seguirá recordando por mucho hasta que lo trabaje.
Los eventos de nuestra vida siempre están ahí, y salvo por alguna enfermedad como el Alzheimer o algún traumatismo que afecte la parte del cerebro encargada de la.memoria son susceptibles de volver a ser recordados,.pero no así los sentimientos asociados a ellos. Eso solo sucede cuando hay un trauma no trabajado o cuando vuelve a pasar algo malo, similar a lo ya vivido.

Si es bueno olvidar o no, depende de la situación, lo malo sería mejor olvidarlo pero también es bueno recordar, si procede, los errores que no se deben volver a cometer. Lo bueno creo que siempre deberíamos recordarlo, porque como.bien dice un dicho recordar es volver a vivir y quién no quisiera repetir las experiencias y momentos más felices que ha tenido.
01-Apr-2025 23:17
Elizabetta Olvidar es posible?
Esa es la cuestión.

Yo no puedo olvidar, tengo una memoria bastante buena y los malos recuerdos de mi niñez vienen al presente cuando menos los espero, y me siguen doliendo mucho.

Ahora tengo un bagaje, unas herramientas para poder afrontarlos de otra manera, pero como ya dije, siguen doliendo y a veces tengo pesadillas sobre los últimos momentos de mi padre, o de mi hermana, y son pequeños tormentos con los que tengo que lidiar.

La muerte y la enfermedad de mis seres queridos, la ausencia emocional de mi madre, quizás nunca resuelta, toda mi lucha constante para poder sobrevivir en un entorno hostil, hace que sea una persona distinta, haber tenido que educar sola a mis dos hijos, ha sido algo que me ha ocasionado mucho sufrimiento y sigue siendo duro que el padre se desentendiera de sus hijos tal y como lo hizo.

El desastre que fue mi matrimonio es algo que procuro olvidar, pero no es fácil, porque eso ha marcado mucho mi vida y lo que más duele, la vida de mis hijos, a los que veo en clara desventaja respecto a los que han tenido a su padre y a su madre.

Resumiendo: olvidar siempre que se pueda, pero acostumbrarte a convivir con los recuerdos, cuando no es posible olvidar, es lo más práctico.
01-Apr-2025 11:09
Capi_Platónico Da gusto leerte Danteojos.
31-Mar-2025 18:29
Ratoncitopáez Admiro la escritura de de Danteojos y envidio las personas que tienen "memoria de pez"...
31-Mar-2025 17:41
Kafkiano Me encantó tu escrito.

Yo creo que el olvido no es una cualidad humana. Recordar es una inconsciencia de la voluntad. Otra cosa es que los recuerdos en cuestión evoquen los mismos sentimientos que de antaño aludían.
31-Mar-2025 16:18
Ginebra Tengo una memoria muy puñetera y no se me olvida nada. Que más quisiera yo. Hay quien me dice que es una suerte y hay quien me dice que no es tanta la suerte.

Incluso lo que parece que he olvidado, basta con un chispazo de recuerdo, aunque sea muy pequeño, para que vuelva a recordarlo todo.

¿Olvidar o no olvidar? Ahora ya que me he acostumbrado que más da...prefiero no olvidar.
31-Mar-2025 13:00
Lady Keller. Qué bien escribes joder
31-Mar-2025 11:22
Danteojos
¿Olvidar o no olvidar?

Acostumbra a decirse que la memoria es selectiva y que, como tal, tiende con el tiempo a achicar por el desagüe del olvido, a modo depurativo, aquellos recuerdos que de alguna forma u otra pudieran resultar perniciosos.

No digo que no sea así en parte, pero entiendo que dicho vaciado casi nunca suele ser completo, sino que, por el contrario, quedan siempre, aunque sea en lo más recóndito de la memoria, allí donde las telarañas cuelgan como siniestros custodios, los recuerdos más amargos, aquellos que conforman pesares y aflicciones, los que se alimentan de las más tristes vivencias, de aciagas consternaciones, de desagradables encuentros y escabrosos desencuentros, de penas y congojas crueles; allá permanecen, presos de la memoria, encerrados en sus sombrías celdas, esas que el propio cerebro configura mediante oxidados barrotes; allá subsisten, siempre al acecho, insidiosos, arteros, dañinos, solapados, prestos a saltar como resortes a la primera ocasión propicia que se les presente, preparados en todo momento para descargar el deletéreo veneno que de ellos rezuma. Son recuerdos que jamás habríamos querido volver a evocar, pero que sin embargo permanecen, desoída que fue la orden de olvido que nuestra voluntad quiso inútilmente empeñarse en impartir. Y de este modo, con un rechinar de goznes herrumbrosos, se abren las celdas donde estaban latentes y a su través escapan los malditos para lastimarnos el alma, furiosos, abominables, inmisericordes recuerdos.

Y es que por más que los creamos exilados para siempre, su destierro únicamente es transitorio. De ahí que vuelvan. Vuelven, sí, vuelven para que mediante ellos revivamos aquellos hechos que en su momento los gestaron: un amor imposible, una amistad malograda, una ofensa imperdonable, una traición ruin, un ridículo espantoso, un accidente espeluznante, un corazón roto, una irreparable pérdida…, sombras y espectros que, conforme a su oscura materia, quisimos deportar para siempre a ese firmamento lóbrego que fragua el olvido, empleando a mayor abundamiento plúmbeos lastres que favorecieran su hundimiento en los abismos más profundos de la mente, allí donde nunca más pudieran volver a atormentarnos.... Pero es esa una misión que a la postre suele devenir inútil… Demasiado poderosos son esos recuerdos, tanto que a la menor ocasión se amotinan para escapar de sus herrumbrosas mazmorras y subir de nuevo a la superficie, a la luz de la conciencia, allí donde saben que causan daño, donde sus raucas voces vienen a dar cuenta de que somos humanos y, por lo tanto, frágiles, proclives a los padecimientos, inclinados a cometer errores una y otra vez, a menudo repetidos, como si no fuésemos nunca capaces de ver la piedra donde habremos de tropezar. Y así, por mucho que queramos y todo el empeño del mundo pongamos en olvidar, los recuerdos, que tienen vida propia, se rebelan para impedirnos hacerlo.

Recuerdos malhadados. Recuerdos que hacen que el alma se rompa en lágrimas y que de la carne abierta brote la sangre. Recuerdos que portan dolor y nos inundan de rabia. Recuerdos que nos encolerizan y nos compelen a clamar contra el destino, a tildarlo de injusto y pernicioso, como si el destino mantuviese una deuda pendiente con nosotros y pretendiéramos saldarla de una vez por todas... Pero no hay ninguna deuda. El destino es neutral, a lo sumo caprichoso, pero no se endeuda con nadie. No hay deudas, por tanto, que reclamar, sólo hay presente y futuro, y un barco en el que navegar, ese cuyo timón hemos de gobernar con destreza para que nos conduzca a buen puerto, el barco de nuestras propias vidas.

Quizá en esa travesía sea bueno no dar la orden de olvido, permitir que los recuerdos, aun mal encarados, se conviertan en nuestros aliados y no en nuestros enemigos, enfrentarnos a ellos y engullir su hiel para que a la postre se cierren las heridas que los generaron. Quizá sea bueno desatar las hostilidades y librar una batalla interna donde de las bajas pueda nacer la esperanza, donde tras asumir los errores cometidos se logre que las heridas cicatricen para siempre, donde los recuerdos pierdan su fiereza y se vuelvan dóciles como corderos. Asumir errores, avanzar, crecer... Quizá sea ese el proceso... Tal vez, sólo tal vez.

Entonces, ¿qué? ¿Olvidar o no olvidar? Como diría aquel eximio inglés: That is the question.


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