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Usuario Experto
Registrado el: 23-October-2011
Ubicación: En las Highlands, tratando de llegar a Francia
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Bueno, la verdad es que escribo con el corazón roto y las lágrimas me corren por la cara brotando abundantemente de mis ojos enrojecidos mientras los nervios casi me hacen vomitar lo poco que he sido capaz de ingerir en las últimas horas.
Ha sido un fin de semana que querría borrar para siempre aunque para mi desgracia eso no va a ser posible y tendré que tragarme éste dolor y todo el sufrimiento que ésa maldita me está causando con su despiadada actitud.
El caso es que iba yo en el autobús volviendo a casa el sábado por la noche y como de costumbre a esas horas venían muchas parejas jóvenes, estudiantes en su mayoría, que iban de regreso a sus alojamientos, unos a dormir y otros a otras cosas, como es natural entre la gente joven y más cuando hay amor y todo eso.
Allí me encontré con ella, era guapa, alta, esbelta, unos ojos verdosos preciosos, enormes y una piel blanca que relucía con las luces fluorescentes del autobús. me la quedé mirando un tanto impresionado. debía tener unos 30 años, por lo lo que a primera vista pude calcular y parecía que iba sola, aunque al poco pude percibir que hablaba con un chico que se le parecía de manera desinteresada, por lo que deduje que debía tratarse de su hermano. parecía cansada.
No pude dejar de mirarla por un buen rato y ella reparó en que la miraba, cuando me percaté de que se había dado cuenta, llevado por un sentimiento de vergüenza infantil retiraba mi mirada de ella y hacía como si mirase a otro lado, ya fuera el móvil o el techo, ya que por las ventanas del autobús, denoche, no se veía gran cosa.
En una de éstas me distraje un momento urgando en mi bandolera, buscando un caramelo sin azúcar y sentí una mano que se posaba en mi hombro y me daba dos golpecitos suaves pero enérgicos.
Levanté la mirada y era ella y el chico que parecía la acompñaba. Habían pasado unos largos 20 minutos y ya casi había llegado a mi parada, así que me dispuse a bajarme, ella me saludó sonriente y aunque estaba un tanto asombrado y perplejo ante lo que acababa de ocurrir presté más atención a mi parada y me dispuse a bajar de autobús. El autobús se detuvo y bajé como hago normalmente dispuesto a continuar hasta casa a dormir. La chica y el chico se habían bajado también y se acercaron a mí. Ella comenzó a hablar. me dijo que la había estado mirando descaradamente en el autobús y la había hecho sentir incómoda. me dijo que por mi pu·ta culpa ahora cuando llegase a su casa se tendría que duchar porque se sentía sucia por la manera en que la había mirado y me soltó una bofetada que hizo que mis gafas se estrellasen contra el suelo. El chico no hizo nada, sólo observaba la escena y miraba su móvil. la chica continuó insultándome, me dijo que soy un baboso, un gordo de mierda y que me tenía fichado de otras veces, que sus amigas y ellas me consideraban un cerdo asqueroso y que era un agobio tener que compartir el autobús con alguien tan repugnante como yo. recogí mis gafas y me las volví a poner y ella me dió un puñetazo en la mandíbula y una patada en los testículos mas nuevas bofetadas y empujones. Yo no daba crédito, le pedí disculpas por lo que fuera que le hubiese hecho, pero considero que nunca he sido tan obsceno ni tan repugnante con esa persona en concreto como ella manifestaba, los golpes y los insultos continuaron y el chico que la acompañaba no dejaba de mirar su móvil.
Traté de contenerme para no agredirla, pues sospechaba que si hacía algo acabaría en comisaría y no era plan de ir a dar con mis huesos al calabozo por agresión.
Siguió insultándome y deseándome la muerte, diciendo que soy asqueroso, un tío feo, enano, gordo y repugnante, que no merezco vivir, que hacía que las mujeres se sintiesen mal y que había muchas que si pudiesenestaban dispuestas a matarme y que sus novios estaban preparando un escarmiento para mí. me eché a temblar.
pasó un coche patrulla de la policía municipal y corrí hacia ellos, contando, hecho un manojo de nervios, lo que estaba viviendo,. los policías los miraron a ellos y les preguntaron qué pasaba, se hicieron los desinformados y dijeron que me habían encontrado así, que seguramnente estaba bebido. Los policías me miraron y me dijeron que no causase problemas, que si me volvían a ver alterando el orden público me iba a enterar, que no molestase y me fuese a mi casa a dormir. La chica y el chico se despidieron de los agentes y se marcharon, el coche patrulla siguió su ronda y yo cogí fuerzas, no sé de dónde y traté de apresurarme en llegar a casa mientras la parejua me insultaba a lo lejos: -¡Gordo de mierda!, ¡cerdo!, ¡asqueroso! y cosas así.
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