El artículo
“Para el que tiene bronca”
http://fabiofusaro.blogspot.com.ar/2...ha-bronca.html
está muy, pero muy bueno. Más allá de eso habría que agregarle un conjunto más de reflexiones.
Los golpes que nos da la vida tienen que servirnos para madurar y crecer, no para llorar y lamentarnos. Aquello que dicen muchos, “por qué a mí me pasa esto”, se contesta fácil “
y por qué a ti no te puede pasar eso”.
No me pregunten la razón, el por qué, pero es así. Un hombre traicionado por su mujer, no suscita lástima, ni piedad. Cuando se enfurece cae en lo ridículo, lo patético. La gente no se apiada y se burla de él. En cambio una mujer cuando es traicionada, inmediatamente suscita compasión.
Esto significa que el inconsciente colectivo de la humanidad nos está transmitiendo cosas: Está diciendo que si una mujer traiciona a un hombre, quien está mal es él, y aunque no sea así, se le recrimina haberse metido con esa persona.
¡Tú también….mira de quien te fuiste a enamorar…!”, en cambio si una mujer es la defraudada, el inconsciente profundo de la humanidad, no sospecha que otra hizo su trabajo para quitarle a su hombre, sino que polígamamente el individuo se dejó llevar por tendencias expansivas que debiera controlar en términos monógamos.
El inconsciente colectivo es coherente y la misma permisividad que le tolera al hombre, después se la cobra no reconociéndolo como víctima en estas situaciones.
¿Por qué tiene que sentirse traicionado si el principio masculino está basado en regar su semilla para todos lados?
Darse cuenta de esto es comenzar a madurar a la hora de mirar hacia adelante.
En este caso está claro: Meterse con una mujer que tiene hijo de otro, es como se le decía en otra época:
“Mujer usada, no sirve”. Aquello era cruel, pero era coherente con lo que sucede. No se aceptaba ni a una viuda con hijos. Era amargo. No es ese el encare que se debe tener, pero hay que entender lo que en términos profundos se nos estaba diciendo.
Hoy hemos cambiado y aceptamos cosas que en otra época eran inadmisibles.
Hombres como yo, que se casaron y tuvieron hijo con una mujer que tenía hijo de otro, se cuentan con el dedo de una mano, porque más estúpido no se puede ser.
En esto no me la agarro con los demás. Sino conmigo mismo, por “gil”, por iluso.
Lo único que me consuela es que mi hijo me aprecia y puedo verlo todos los domingos.