|
Guest
|
Tengo 12 años de casada. Los primeros dos años fueron buenos; después de eso, solo nos convertimos en algo extraño: cada quien hacía sus planes, aunque aún había amor de por medio. Los problemas empezaron cuando tuve que trabajar porque mi esposo pensaba que yo no necesitaba ropa y que nuestro hijo tampoco la requería conforme crecía. Era sumamente tacaño.
Cuando comencé a trabajar, le pedí que ayudara con las tareas del hogar, como cocinar, limpiar y otras responsabilidades domésticas. Esto fracturó significativamente la relación, ya que le molestaba que yo no aportara económicamente a los gastos del hogar, aunque él seguía sin cumplir su rol de padre ni atender nuestras necesidades. Empecé a sentir que éramos una carga para él, y noté que es conformista, que le gusta vivir con lo mínimo y no quiere gastar.
Yo, por mi parte, me sentía frustrada y cansada de aguantar. Mis emociones empezaron a desbordarse. Cuando discutíamos, sentía que estaba al límite, y en lugar de ayudar a mi estrés, él me empujaba más, haciéndome sentir hecha trizas. Me llamaba dramática.
El punto de quiebre llegó hace aproximadamente dos años, cuando mi esposo se encontró con una exnovia. Intercambiaron números y comenzaron a mensajearse. Noté de inmediato los cambios: empezó a ir al gimnasio, compró ropa nueva, y otros detalles. Lo confronté varias veces, pero seguía empujándome, tachándome de loca, dramática y exagerada. Incluso llegó a decirme que no me amaba, que me quería, pero que ya no sentía lo mismo.
Un día desbloqueé su celular y encontré todo: mensajes de amor y palabras para ella que ya no me dedicaba a mí. En ese momento, estaba cursando mi carrera universitaria. Tragándome mi orgullo, decidí seguir con él. Meses más tarde, se fue de casa diciendo que no soportaba mi paranoia. Yo le rogué que regresara, pero él solo respondía: "Dame tiempo para pensar". Cuando le dije que ya no lo quería en mi vida, decidió regresar.
Los primeros meses todo estuvo bien, pero después volvió a ser frío y distante. Yo le rogaba por afecto, pero hoy no tenemos relaciones. Cuando toco el tema, me dice que soy una urgida, que está cansado, y cosas similares. Cuando finalmente accede a tocarme, es automático: no me besa, se concentra solo en su propio disfrute, y me hace sentir sucia. Siempre termino llorando en el baño.
No sé qué hacer con mi vida. Mi hijo, que es autista, está en la adolescencia. He tenido que ser yo quien ponga límites y esté presente, pero eso ha hecho que me diga que me odia y que su papá es mejor. Claro, su papá es el relajado, el que no exige y siempre está tranquilo, mientras mamá es quien regaña, pone límites y objetivos.
Hoy en día vamos a terapia para ayudar a nuestro hijo, pero mi esposo sigue distante y me empuja al límite. Aunque ya no me desbordo gracias a mi propia terapia, se burla de mí diciendo cosas como: "Uy, la maestra, mira cómo se expresa".
A veces solo quiero un abrazo, un "todo estará bien", un consuelo lleno de amor, o sentirme deseada, aunque sea solo en un beso cálido.
|