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Conocí a una joven de 25 años en una escuela. Ambos somos profesores y fuimos compañeros de cátedra. En ese momento, yo tenía 32 años. Nos conocimos, solíamos merendar juntos y hablábamos mucho; sentía una gran conexión con ella. Era agradable, divertida y, de cierto modo, creo que llegamos a ser buenos amigos. Sin darme cuenta, terminé enamorándome de ella. En esa etapa de mi vida, me encontraba pasando por un buen momento y sentía que conocerla había sido una bendición.
Un día, decidí confesarle mis sentimientos. Me respondió que era una pena, pero que no podíamos ser más que amigos. Aunque me dolió escucharlo, lo entendí. Sin embargo, después de eso, ella comenzó a buscarme, llamarme y darme esperanzas. Salimos a varios lugares y realmente lo disfruté. Me sentía muy bien a su lado. Supe que tenía una relación en ese momento, pero nunca conocí a su novio. A pesar de ello, deseaba estar con ella.
Tiempo después, tuve un accidente y ella me llamó y visitó en el hospital. Al recibir el alta, seguimos viéndonos. En una ocasión, me confesó que había terminado con su pareja y que no planeaba regresar con él. Nuestra relación parecía fortalecerse; hablábamos todos los días, incluso de intimidades. Pensé que finalmente estaríamos juntos, pero no fue así. Un día me pidió dinero para afrontar un problema de salud. Sin dudarlo y con todo el cariño, la ayudé, ya que para mí, en ese momento, no representaba un monto significativo. Sin embargo, después de eso, fuimos a un restaurante donde, para mi sorpresa, me rechazó y humilló. Nunca me había sentido tan menospreciado.
Luego de ese episodio, comenzó a distanciarse. No me escribía con frecuencia y parecía no tener tiempo para mí. A pesar de todo, yo insistía en buscarla. Finalmente, decidí intentar olvidarla, pero ocasionalmente me escribe por chat como si nada hubiera pasado. Siento que jugó con mis sentimientos y que me lastimó profundamente. A veces la veo por ahí, pero prefiero ignorarla. ¿Qué creen que debería hacer?
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