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Desde que yo estaba pequeña me encanta sentarme a la orilla del mar.
Por que siento una gran tranquilidad, me encanta sertir su olor, sentir su brisa y sobretodo me encanta observarlo. Veo como las olas se llevan todo a su paso y me sorprende por que no importar que tan lejos se las lleve siempre las regresa.
Recuerdo cuando por primera vez vi el mar fue una experiencia que nunca voy a olvidar y cuando lo probe yo decia que el mar estaba echo de lagrimas y que por eso tenia ese sabor salado y hasta en este instante aun sigo pensando lo mismo.
Ana Vazquez
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