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De toda la vida eso es la ley del embudo, que en un contexto oportunista es el pan de cada día.
Solo se necesita decir dónde está el bien, dónde está el mal, ubicando los extremos. En la zona gris entre ambos se arrean los tajazos, sin pena ni gloria. En lo práctico hay que estar cerca de quienes a uno le hacen sentir bien y alejase de quienes hacen daño, sin atender a escalas de bondad o maldad.
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