Cita:
Iniciado por Aycbriet
Creaba este tema para hablar de los etiquetados, obviamente de los que se les ponen a personas y en concreto de las que no son positivos.
Hoy en día está muy de moda usarlos, si alguien habla mucho de algo se le dice que es un pesado, si no entiende algo un tonto, si no gasta mucho dinero un tacaño y si no es una belleza un feo.
A mí no me gustan las etiquetas, las negativas suelen ser ofensivas, que alguien no esté todo el rato gastando bromas no significa que sea un soso.
Si por ejemplo alguien te responde mal, en vez de decir "¡qué borde!" se le puede pedir a esa persona que no conteste más así.
Pienso que solo hay que decirlas a la cara si la otra persona te pide opinión, aunque yo también las he puesto si a mí me han etiquetado primero.
¿Y vosotros qué opináis de las etiquetas? ¿Las soléis poner? ¿Os molestan también?
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Este es para mí un trágico ejemplo de cómo actúan las creencias y las etiquetas que tenemos sobre las personas. Si creemos ciegamente algo sobre alguien, no importa que sea cierto o no, actuaremos con esa persona de una manera que sea coherente con esa idea que tenemos de ella.
Cuando conocemos a alguien no podemos evitar el impulso por calificarlo de alguna forma. Su aspecto físico, su tono de voz o sus gestos producen una sensación en nosotros y, seguidamente lo clasificamos en una categoría o emitimos un juicio sobre ella:
es elegante, simpático, distante, creído, … o cualquier otra cosa. A veces simplemente decidimos que no nos gusta y no somos conscientes del porqué.
Lo primero que me gustaría destacar es que es un impulso imposible de evitar. Emitimos juicios y clasificamos a las personas porque esto nos hace la vida mucho más fácil. Si pensamos que alguien es de una determinada forma podemos hacer una previsión respecto a cómo va actuar en el futuro. Y eso nos permite tomar decisiones sobre si vale la pena hacer algo, o invertir tiempo en esa persona, que sin esa predicción tendríamos que hacer a riesgo de equivocarnos completamente.
Por ejemplo, si creo que una persona no es de fiar, ya no le explicaré ningún secreto, porque preveo que en un futuro, si le explico algo confidencial, lo más probable es que no lo mantenga en secreto. Sin esa etiqueta o juicio, le confiaría ese secreto totalmente a ciegas. Podría ser que resultara ser discreto o todo lo contrario.
Sin embargo, etiquetar tiene un peligro cuando confundimos juicios con hechos. Hay que ser consciente que las etiquetas que ponemos a las personas calificándolas de una determinada forma, son juicios y, como tales, nunca son ciertos o falsos, si no que los juicios están bien o mal fundamentados, si pensamos que alguien no es de fiar, mostraremos hacia esa personas acciones que le demostrarán que no es digna de confianza, por lo que esa persona se mostrará desconfiada hacia nosotros. Así, nuestra etiqueta se verá reforzada con hechos que confirman nuestro diagnóstico. Es por lo que los juicios tienen el efecto de convertirse en profecías que se autocumplen.
Este fenómeno también se llama efecto Pigmalión.
Las etiquetas pueden aplicarse por parte de terceros como un adjetivo calificativo. Las descalificativas no son beneficiosas ni para el que las pone ni para quien la recibe. Se debe despojar de las emociones para que tales etiquetas no se tomen personal y de esa manera no ofenderse.
A mi se me ha dicho Diva, y Exigente, por ser tan selectiva en la búsqueda de pareja. Estas etiquetas son para describirme en una sola palabra, más no es para señalar toda mi personalidad. Hay que resaltar que esos adjetivos son criterios que se percibe al rechazar a posibles candidatos para salir conmigo. No tomándolos como algo personal siendo juicios nulos hacía mí.
Como dije y lo vuelvo a repetir solamente tu eliges si las palabras pueden herirte.