Las Etapas del Desamor
Nos inundan, constantemente, como en un bombardeo de proyectiles, sobre las fases del amor. Que si la seducción, que si el
cortejo, que si el enamoramiento, que si el amor maduro,… Pero salvo en lugares específicos, como es éste, en pocos lugares se hace un análisis de las etapas que hay que vivir cuando todo termina. Un análisis realista, quiero decir, porque del ilusorio o interesado se pueden encontrar buenos ejemplos. Desde la página del timador profesional que promete al pardillo de turno
recuperar a su novia en 30 días (sic) hasta portales específicos para desahogar toda la mala baba y decir libremente aquello de todos los hombres son iguales o todas las mujeres… en fin, ya sabemos.
Lo lógico es hacerse una composición de lugar
basada en hechos reales: que la persona que nos ha dejado, salvo casos muy concretos (rupturas que se resuelven al cabo de los pocos días)
es porque o no siente lo mismo que nosotros o porque ha dejado de sentirlo. Partiendo de esa base ajustada a la realidad, la mejor ayuda que se puede brindar a quien experimenta el dolor del fin de una relación es explicarle, en términos comprensibles, el camino que tiene que recorrer.
Elisabeth Kübler-Ross definía cinco fases en un duelo. Si bien su ámbito de estudio era un tanto diferente, son perfectamente extrapolables a una ruptura amorosa. Son las siguientes:
1.- La Negación y el Aislamiento.
Constituye una especie de
parachoques emocional. Cuando nuestra pareja nos comunica lo inevitable (especialmente cuando lo hace de un modo indirecto, ya sea por la vía de los hechos consumados o a través de medios tecnológicos) lo primero que pensamos es “
esto no puede ser”, “
estará confundida/a” o “
esto no me puede estar pasando". Se llora, se suplica, se pierde la compostura o se tratan de ejecutar técnicas para el retorno del ser amado, sin darnos cuenta de que la otra persona, cuando nos deja, ha hecho ya su duelo y está en una fase más avanzada. Es un tiempo presente: la relación continúa de forma ficticia.
En personas dependientes esta fase puede prolongarse hasta el absurdo.
2.- La Ira.
Cuando empezamos a comprender que la persona no va a volver, o que el motivo de su marcha son terceras personas, disconformidades o planteamientos de la vida distintos, surgen deseos de revancha, enfado o resentimiento. Se saca fuera el dolor o el sufrimiento y se personalizan en la persona que nos abandona, haciéndole responsable exclusivo de todo lo que estamos sintiendo, con razón o sin ella. Se cometen errores, se dicen cosas que no se sienten, se involucra a terceras personas por medio o, simplemente, se comenta con los demás, buscando un por qué racional de la situación.
El tiempo ya comienza a ser pasado, vivido en el presente.
3.- La Negociación.
En esta fase se tragan las lágrimas y se trata de llegar a un acuerdo con la otra persona. Son los momentos proclives de
tanteo o de tratar de hablar con el otro, para quedarse tranquilo el dejador o pedir el dejado que se le expliquen los motivos que llevaron a tomar la decisión del abandono. Es una fase estéril, porque la persona que deja, si tiene claros esos motivos (que no siempre es así) no va a revelarlos probablemente. Los
tanteos no son un intento lógico de negociación, sino un acallamiento de conciencia al pensar que se ha dañado a la otra persona.
Es la fase del
¿Por qué? Generalmente expresada en pasado también.
4.- La Melancolía
.
Cuando ya resulta más que evidente, por el paso de los días o semanas, que la persona no va a volver, y se han apagado los fuegos del resentimiento (que es una forma de seguir sintiendo) sobreviene el bajón anímico, físico y emocional, consecuencia del desgaste previo. Las lágrimas ya no son de desesperación, sino de nostalgia. Se encierra uno en sí mismo y las cosas que producían placer ahora son una molestia. Se pierde peso, se puede abandonar el cuidado de uno mismo (caer en una depresión en toda regla) o, por el contrario, emprender una huida hacia delante, tratando de vivir de forma desfasada para olvidar o matándose en un gimnasio para cambiar los aspectos que —se piensa— no son atractivos.
En esta fase el aislamiento es un común denominador, por lo que es importante ayudar a la persona a que vea de forma clara el rumbo que debe decidir para su vida, y acompañarlo en el proceso. Es la función más importante que podemos desempeñar en foros como éste: con la experiencia acumulada tratar de ofrecer unas pautas básicas para que las personas encaucen su vida. Pero nunca decirles lo que deben hacer. Eso es paliar, no ayudar. Y todo el mundo tiene resortes suficientes para salir del trance. Sólo necesitan alguien que les recuerde dónde está el botón para activarlos.
5.- La Aceptación.
Llega un día en el cual, como en la película, uno se levanta de la cama y dice “
todo está bien”. Cuando ese día llega se es capaz de contemplar a la persona que nos dejó como otro ser humano, sometido a emociones, errores y carencias, y
liberar el pasado. En algún comentario expliqué lo que entiendo por hacer eso: no siempre una ruptura termina en un perdón incondicional, porque para que éste se produzca es necesario que haya dos partes implicadas. Por el contrario, liberar el pasado es eximir a la persona que (creemos) nos dañó de la responsabilidad de haberlo hecho, y continuar nuestra vida, ser capaces de volver a enamorarnos y hacerlo mejor con la experiencia acumulada.
Sólo cuando se llega a la quinta fase se está preparado para iniciar una nueva relación. Muchos dolores, situaciones complejas y abusos se producen cuando las personas inician nuevas relaciones sin haber culminado este proceso evolutivo.
Es nuestra responsabilidad, no sólo para nosotros mismos, sino para los demás, agotar todo el camino. El otro es persona que tiene también sentimientos y una vida, y esa ética a la que hay que apelar nos invita a no dañar, innecesariamente, a otros seres humanos.
¿Y tú? ¿Estás de acuerdo con este camino?