Con todo el respeto que me merece tu situación, creo que tengo que desvelarte un poco de la ruindad y crueldad de nuestro mundo. Esa chica a la que tanto admiraste en tu adolescencia seguro que en la veintena conoció a un chico que le gustó y empezó a salir con él. Tras pocos meses o años se establecieron como novios formales y después se casaron. Tuvieron hijos, pasaron sus crisis, como todo el mundo, y en la actualidad seguro que tu caso le debe de parecer algo muy extraño, casi extraterrestre.
Las personas que tornan a las mujeres en diosas, que se arrodillan ante ellas y las colman de regalos y de parabienes no van bien encaminadas. Así no se gana el respeto de una mujer, así se compra su cariño... y si este no va dirigido a nosotros, por mucha adulación y peloteo que pongamos en marcha, dará igual.
En verdad me parece triste tu caso pero yo mismo no estoy tan lejos de ti. Aunque sí es cierto que he evolucionado un poco, la verdad es que en cierta manera sigo siendo el chico tímido de siempre que ha padecido como tantas y TANTAS mujeres deseadas han terminado cayendo en otras manos. Comprendo tu malestar, tu sufrimiento y sé que todavía no es tarde para ti. Eso sí... ¡tienes que despertar!
Se acabó el romanticismo trasnochado. ¿Es que acaso no crees que si hubieses gustado a esa chica ella no hubiera hecho algo por ayudarte en tu timidez y comunicarse contigo? No, esa chica no te quería ni te apreciaba. ¡No tires tu orgullo por la borda! ¡No puedes vivir con una ilusión que murió hace más de 40 años! No es natural ni saludable.
No sé que es lo que podrías hacer. A esas edades la mujer que no está casada odia tanto a los hombres que ya es muy difícil que se comprometa con alguien para algo más que para compartir unos momentos de ocio. No será fácil, queda claro. Pero tienes una gran ventaja a esas edades. ¡Empieza a haber más mujeres que hombres! Así que, aún así, es posible que exista alguna deseosa de ser seducida por un valiente galán. ¡Tienes que demostrárselo! Y demostrarte a ti mismo que lo puedes hacer. Ponte desde ya a conseguirlo. Y, por favor, toma lo que te mereces, con inteligencia, buenos sentimientos y delicadeza. Pero, por favor, abandona ya esa idea trasnochada de mujeres como diosas. Ellas son como tú, sólo quieren ser queridas, atendidas y respetadas. ¡Y tú vas a ser quien lo haga! ¡Estoy seguro de ello!