|
Suele decirse que la primera impresión es la que cuenta. Una afirmación quizá demasiado categórica. No sé. No niego que en algunos casos sea posible que, en efecto, dicha primera impresión resulte decisiva, sobre todo para quienes saben "mirar" más allá de lo que los ojos les transmiten. Ahora bien, en otras ocasiones sucede que, como asimismo pregona otro refrán, las apariencias engañan, de forma que esa primera impresión puede devenir por entero errónea, hasta el punto que pudiese ser, por qué no, que tras una envoltura rugosa como la lija se escondiese un alma suave como la seda o, al contrario, que bajo una piel suave como el malvavisco estuviera camuflado un venenoso reptil. En ese sentido, juzgar a alguien sólo por la apariencia que a primera vista ofrezca podría resultar tan desacertado como definir el contenido de un libro tan solo por su portada.
Aun así, la primera impresión suele ser valiosa a la hora de darnos cuando menos una idea básica respecto a la persona de que se trate, y no ya sólo por lo que concierne a su aspecto físico, cuestión en la que, obviamente, esa primera impresión resulta bastante objetiva, sino incluso también en lo relativo a la personalidad, que tiende sin duda a asomar a través de las palabras, los gestos, el timbre de voz, la sonrisa o la falta de ella..., pormenores varios que acostumbran a ser portadores de abundante información.
Resulta también cierto, no obstante, que más allá de esa primera impresión, el paso del tiempo revela a menudo cualidades que pueden haber pasado enteramente desapercibidas en esos primeros momentos de escrutinio. Acostumbra esto a suceder sobre todo cuando se trata de individuos más bien tímidos y con tendencia a embozarse bajo capas y escudos de diferente grosor; personas a las que resulta casi imposible descubrir a las primeras de cambio, requiriéndose más tiempo para conocerlas cual en verdad son, so pena de quedarnos con una primera impresión que en este caso sí que probablemente no fuese del todo ajustada a la realidad.
En suma, la primera impresión es importante, qué duda cabe, pues no en vano es a menudo la que marca la pauta para el desarrollo posterior de la comunicación. Pero no es menos cierto que a veces esa impresión puede ser equivocada y, por consiguiente, en caso de otorgarle un valor demasiado categórico, perdernos la posibilidad de conocer gente que ciertamente merecería la pena si escudriñásemos un poco más en su interior. A fin de cuentas, la primera impresión tiene mucho de sensorial y, ya se sabe, también los sentidos pueden equivocarse.
¿Y vosotros? ¿Tendéis a dar mucho o poco crédito a la primera impresión cuando conocéis a alguien?
|