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Yo, al contrario que mi hermano que debe tener el record guiness de trastadas en la infancia, de niño he sido un pedazo de pan.
Mi mayor trastada fue como a los veintipocos años. Mi mujer y yo en esa época acostumbrabamos a tener relaciones habitualmente y, siempre que ocurría, ella se obsesionaba por si la había dejado en cinta; todo ello a pesar de que su periodo siempre había sido como un reloj (y no le tocaba), a pesar de usar profilacticos, y a pesar de poner siempre en práctica el coitus interreuptus, le daba pavor esa posibilidad. Llegó a un punto en que me hacía ir a comprarle test de embarazo cada vez que lo haciamos (y nos dejabamos una pasta siendo ambos estudiantes).
Así que un día, por hacer la gracia un poco y un poco también a modo de protesta, me encerré en el baño (tenía tanto tanto miedo que decía que lo mirara yo) y con un boli le dibujé una segunda linea al test de embarazo. Salí del baño con cara seria y, al preguntarme le enseñé el test... Puso tal cara que no pude aguantarme más la risa (menos mal porque si no lo mismo se me hubiera desmayado allí mismo). El caso es que no recuerdo mucho más de lo que pasó luego, pero debió perdonarme en algún momento (de lo contrario supongo que estaría por aquí como soltero).
La parte buena es que dejamos de comprar test de embarazo, hasta que unos pocos años después tuvo su primera falta que se correspondió con el embarazo del mayor de mis retoños.
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