|
Tiempo hace, años, desde el último hilo que he publicado. Me pregunto cuanto queda de aquel niño frustrado en mí. Me pregunto que pensaría ese niño si me viese hoy, si viese cómo en los dos últimos años de mi vida casi alcanzo aquello que tanto anhelaba para luego perderlo estrepitosamente por lo de siempre, el miedo y la inseguridad.
He pasado este último año de mi vida en un limbo, siendo los últimos dos meses un auténtico infierno, donde la desesperación, la tristeza y la soledad son los únicos sentimientos que me acompañan. He tomado decisiones pensando en los demás, no en mí. He hecho cosas y dejado de hacerlas por el que dirán. Me he dejado arrastrar porque "así son las cosas, así es la vida". He hecho cosas por gente que quiero, que pueden parecer nimias pero que para mi son un mundo, sólo para demostrar o hacer entender que estoy ahí y que me esfuerzo.
Pero al final nada vale, y cuando el único eslabón que te mantiene en pie se cae, te das cuenta de la realidad. Que nada ha merecido la pena, que he estado luchando contra mí mismo, pensando que era lo que se esperaba de mí, cuando de mi no se esperaba nada, porque ya hacía tiempo que ese eslabón se había caído y el único que lo mantenía a la fuerza en su sitio era yo.
Y al final, en ese pozo de oscuridad sólo quedo yo, y entiendo por fin el pecado que he cometido. Entiendo hasta que punto estaba alienado, hasta que punto yo no era yo, sino una sombra de anhelos que no me corresponden, porque no son míos. Y sólo puedo culparme a mí mismo por ello.
Y es aquí donde por fin el miedo desaparece... O se transforma. Porque si esos anhelos no eran míos, tampoco lo son el miedo y la inseguridad por fallar al intentar alcanzarlos. No tengo porque seguir un camino que no es el mío.
¿Y cual es mi camino? Aún no lo sé, pero mientras no vuelva a perderme en caminos ajenos, todo estará bien.
|