|
En “Crónica de una muerte anunciada”, la célebre novela de García Márquez, se narran los prolegómenos que conducen al asesinato de Santiago Nasar a manos de los hermanos Vicario. Lo curioso del caso es que todo cuanto acontece parece confabulado para que no se produzca ese crimen, que sin embargo termina llevándose a cabo sin que increíblemente nada ni nadie pudiera evitarlo. Es como si el destino se hubiese empeñado en que Santiago Nasar muriera y por más que las acciones de los hombres quisieran burlar su veredicto, éste resultase inapelable. Entre otros detalles, los asesinos no dejan de vocear por todos lados que iban a matarlo, como pretendiendo darle aviso para que huyera o se escondiese; muchos intentan avisarlo, pero nadie lo consigue, incluso le dejan una nota por debajo de la puerta de su casa, nota que incomprensiblemente ni él ni ningún otro ve; para más despropósito, se da la circunstancia que él de ordinario salía por la puerta trasera de su casa, siendo que los hermanos le esperan en un local situado justo enfrente de la fachada principal, por donde difícilmente se lo encontrarían, y resulta que justo la mañana en que lo matan sale por la puerta delantera…. En fin, que el destino parece ser que se empeñó en que Santiago Nasar muriese a manos de los dos matarifes.
Me pregunto si será en efecto así, si existirá de verdad un destino como fuerza inexorable capaz de desbaratar cualquier alianza en su contra, un destino cuyos designios, por muy terribles que sean, resulte imposible sortear. ¿Pensáis que de verdad está todo escrito? Yo espero que no. Me resulta de hecho una idea de lo más inquietante, no en vano supondría la reducción del famoso libre albedrío casi a la insignificancia.
Y, sin embargo, es curioso cómo a veces, por muchas vueltas y revueltas que demos para esquivar un determinado resultado, no pareciera sino que éste, burlando todos los esfuerzos dirigidos en su contra, se encarama sobre las demás posibilidades para finalmente asentar sus reales sobre el trono de los hechos consumados.
|