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En la psicología popular y en la opinión general, prevalece un paradigma y hasta un dogma sobre lo que se entiende como autoestima. Se tiende a creer que la autoestima involucra tanto creencias pertinentes a la propia persona como emociones asociadas a estas creencias. Además, se suele concebir que el incremento de la autoestima depende de factores individuales, como la práctica de ejercicios, la realización de actividades que generen satisfacción, entre otros. Asimismo, se considera la autoestima desde una perspectiva individual, como una característica perdurable de la personalidad o una condición psicológica de carácter temporal. Finalmente, se evalúa la autoestima tanto en una dimensión específica ("Creo que soy un buen escritor y me enorgullezco de ello particularmente") como en un contexto más general ("Creo que soy una buena persona y me enorgullezco de mí mismo en general").
No obstante, esta definición se centra en el ámbito individual, lo cual resulta incorrecto. Es en este punto donde surge la teoría del psicólogo social Mark Leary.
El Dr. Mark Leary, destacado psicólogo de la Universidad de Duke, quien previamente ejerció en la Universidad Wake Forest en Winston-Salem, publicó en 1999 "Cómo entender la autoestima". Su teoría, caracterizada por su elegancia conceptual, redefine el concepto de autoestima y proporciona una explicación sistemática a comportamientos que previamente resultaban incomprensibles.
Leary propone que la autoestima no radica en la valoración que uno realiza de su propio valor personal ni subsiste en el aislamiento de la individualidad. Por el contrario, sostiene que la autoestima constituye una medida de cuán deseable uno resultaría para otras personas. Leary denomina a su teoría "Teoría del Sociómetro", basada en la idea de que la autoestima opera como un indicador en tiempo real, midiendo la retroalimentación social y calibrando nuestro valor ante los demás.
Esta perspectiva revolucionaria desafía la creencia previa de que la autoestima se encuentra en un ámbito aislado y que su fluctuación depende únicamente de los logros individuales, las victorias personales y la autoevaluación. La nueva definición incorpora un enfoque social y sugiere que, en realidad, toda la psicología se vincula con la sociología. En esencia, esta perspectiva cuestiona gran parte de nuestros conocimientos previos. Así, se concluye que la autoestima no existe en el sentido tradicional, sino que se configura a partir de nuestra percepción de nuestra relación con los demás.
Asimismo, esta teoría arroja luz sobre por qué algunas personas con problemas psicológicos pueden presentar una autoestima elevada. En estos casos, se produce una disociación entre la percepción que tienen de su propio valor y la retroalimentación social que reciben acerca de su valor para la sociedad. De igual modo, explica por qué los intentos de mejorar la autoestima únicamente a través del pensamiento positivo pueden resultar infructuosos, ya que estos pensamientos pueden no estar alineados con la retroalimentación social.
La teoría del sociómetro se fundamenta en la biología evolutiva y sostiene que los seres humanos, como seres sociales y tribales, tienen un incentivo innato para comportarse de manera que beneficie a la sociedad. Esto garantiza la supervivencia y las oportunidades de apareamiento. En este contexto, desarrollamos un mecanismo psicológico para medir nuestro nivel general de aceptación en un momento dado. Dicho mecanismo genera una sensación psicológicamente dolorosa si percibimos un bajo nivel de aceptación y valor social. Esta sensación actúa como un recordatorio para ajustar nuestra conducta, alineando nuestras características y actividades con las de la sociedad.
En este sentido, Leary afirma lo siguiente: "Muchos psicólogos han supuesto que las personas poseen un motivo o necesidad para mantener la autoestima. Según la teoría del sociómetro, el denominado motivo de la autoestima no opera con el propósito de conservar la autoestima, sino para minimizar la probabilidad de rechazo (o, de manera más precisa, devaluación relacional). Cuando las personas actúan de manera que protegen o mejoran su autoestima, normalmente lo hacen con la creencia de que esto aumentará su valor relacional a ojos de los demás, mejorando, por ende, sus oportunidades de aceptación social."
En resumen, esta perspectiva redefine la autoestima como un constructo con un fuerte componente social en lugar de un fenómeno puramente individual. En consecuencia, resultaría beneficioso que las personas dejasen de considerarla exclusivamente desde una perspectiva individual y comenzasen a observarla desde un enfoque social.
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