Buenas noches, usuarios/as de ForoAmor,
hoy estuve mirando este subforo, y leyendo algunas historias por aquí posteadas, y la verdad me gustaría añadir mi granito de arena a la sección con una reflexión de las mías. Por si a alguien le sirve de inspiración o de ayuda, o simplemente para darse cuenta que en estas vicisitudes uno/a nunca está solo.
Ante todo diré que, posiblemente, uno de los peores sentimientos que puede experimentar el ser humano es, precisamente, el que da título a este apartado: la soledad. Como, en esencia, animales que somos, necesitamos de la compañía de los demás para sentirnos a gusto, para ver que formamos parte de un todo, de una comunidad. Y dentro de ese todo, está el tema de "tener pareja".
Yo, al igual que muchos de los aquí presentes, he pasado por muchas etapas amorosas en mi vida, desde fases de alocado enamoramiento, hasta noches de auténtico llanto y no poder pegar ojo. Reitero que, la soledad, ese sentimiento que nos atenaza por dentro, es una sensación de lo más horrible. Y los que la habéis experimentado estaréis de acuerdo conmigo. Si bien es cierto que muchos dirán que hay cosas peores, o que hay gente que está peor que uno mismo, en esos momentos a uno esas palabras no le ayudan en lo más mínimo. No necesitamos que nos recuerden que hay otras cosas en la vida, que no todo es encontrar pareja, que ya llegará... ¡pues claro que lo sabemos! Puede que en esos momentos de nuestro estado anímico el árbol nos impida ver el bosque, pero eso no quiere decir que no sepamos que sigue estando ahí detrás.
Precisamente me encontraba el otro día pasando la noche casa de un amigo y, como suele ser natural, a eso de las tres de la mañana nos pusimos a hablar de cosas trascendetales (nada mejor que la vigilia para ese tipo de confesiones). Él, me confesó, estaba deseando irse a vivir con su novia, organizar planes de futuro y boda y, su mayor sueño e ilusión desde que le conozco, tener una hija (que luego le saldrá un hijo, pero bueno xD le querrá igual). Y empecé a cavilar y a darle vueltas a mi situación: con trabajo, económicamente estable (mas o menos, considerando los tiempos que corren), con familia, aficiones... pero con casi treinta años y soltero. La cosa no pintaba bien. Y empezó a hacerse más grande mi embrollo mental cuando mi colega se puso a hacer referencias a la edad que tenía y la que tendría cuando su hija cumpliera 18, 20, 25 años... Totalmente descorazonador.
¿Pero, sabéis qué? Que, a pesar de todo, lo último que se pierde es la esperanza, pensé. Y lo que nos sigue manteniendo a flote cuando las horas se vuelven más oscuras es ésa búsqueda de la felicidad interior y exterior. Porque, si bien es cierto que muchos las hemos pasado bastante, bastante canutas a la hora de emparejarnos y de vivir un amor que siempre hemos deseado tener, no por ello tenemos que tener en mente que no estamos destinados a encontrar a alguien especial, o que la vida solo depara alegrías románticas a los demás, dejándonos a nosotros de lado. Falso, totalmente falso. Y ahí es donde entra mi consejo, un consejo que he aprendido y que todos/as tenemos que aprender por nosotros mismos, por mucho que nos lo den. Digamos que es un autodescubrimiento, algo que tenemos que sacar a relucir cada uno de nuestro interior cuando sea el momento adecuado y estemos preparados para ello.
La búsqueda de la felicidad, del amor, empieza en uno mismo. ¿A qué me refiero? Sencillo. A que, para empezar a ser feliz en pareja, uno tiene que ser feliz consigo mismo. Puede parecer algo obvio, pero nada más lejos de la realidad. Es algo muy difícil, algo tremendamente complicado de entender, cavilar, hacer propio y, finalmente, llevar a cabo. La vida funciona de tal manera que si uno ansía algo con mucha fuerza, desesperado por encontrar a esa persona especial, destrozando su corazón cada día que pasa con ese sentimiento de soledad que nos invade; no va a poder ser feliz. Y (y esto funciona, totalmente, 100% asegurado) una persona feliz es muchísimo más atrayente hacia los demás que una que no lo es. Uno tiene que aprender primero a confiar en sí mismo, a mantener viva la esperanza en que algún día llegará esa persona especial y, mientras tanto, a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. De las cosas que sí que están a nuestro alcance y que nos otorgan una sonrisa que regalar al mundo. Con una actitud positiva, dicen, todo es posible. Totalmente de acuerdo con ello.
Tanto es así que, reflexionando sobre esto mientras me dirigía andando a mi trabajo, me di cuenta de pequeñas cosas tales como la pugna de dos palomas por unas migas en el parque; un par de anciano sentados en un bando haciendo un sudoku; unos niños jugando en unos columpios; el cielo brillante y azul de Madrid por primera vez en todo Enero; la luna que todavía se veía en lo alto, conviviendo con el brillante sol... cualquier cosa, por cursi o idolatrado que pueda parecer, era capaz de sacarme una sonrisa (y así he ido, sonriendo como un tonto todo el camino jaja). Y eso es lo verdaderamente importante, creo yo.
Sé que la soledad es muy complicada y dolorosa, que algunos pensarán "vaya chorrada de reflexión, no tiene ni idea". Puede que ahora no lo veáis así, o que vuestra situación actual no os lo deje ver. Y puedo deciros que no estoy equivocado. Dado que, de primera mano, he experimentado (y, seguramente, en momentos de flaqueza todavía experimente) esa garra helada en torno al corazón que nos hace temer un futuro sin amor, sin encontrar nuestro "y vivieron felices por siempre jamás". Desde aquí, doy ánimos a todos vosotros y vosotras, que en alguna ocasión os sentís así, para "abrir" los ojos al mundo que os rodea, para que veáis los detalles, para que mantengáis ardiendo en vuestro corazón la esperanza de encontrar el amor mientras afrontáis la vida con una sonrisa, aunque sea después de una noche de lágrimas, dado que siempre viene el sol tras la tormenta. Porque, la búsqueda de la felicidad empieza en uno mismo, y está en las pequeñas cosas. Y porque las mejores historias de amor comienzan así, con una mirada, un saludo, una sonrisa... en resumen, con una pequeña cosa.
Gracias por leer y espero que a alguno/a le hayan servido de algo mis pensamientos. Sed felices y buenas noches