|
En estos lances estaba cuando de repente desapareció todo. Un soniquete conocido le despertó. Se encontraba en su cama, empapado de sudor. Y el sonido provenía de un despertador digital con los números rojos en su mesita.
-Cariño has estado toda la noche gimiendo y gritando, no has parado de moverte. -era su mujer, una chica de unos teinta y tantos, alta, rubia de bote pero cabellera hermosa y ondulada, facciones risueñas y lindas, ojos castaños muy vivos, de gran expresividad, se encontraba en camisón rosa claro de satén- anda, que hoy no vas a trabajar, ufff, estás ardiendo, tienes fiebre-poniendo la mano en su frente- voy a traerte algún antitérmico.
-Amor, no es necesario, si me encuentro así es porque he tenido una enorme pesadilla, y lo único que deseo es que, antes de irme a trabajar, me abraces, ven.
-Pero estás chorreando cariño. ..venga vale.-accedió-
-Lo que más me dolió de este sueño era perderte, ven aférrate a mi, quiero sentirte una vez más.
Así, los dos hicieron el amor como nunca.
Su jefe le esperaría a nuestro protagonista en la oficina una hora más tarde con una seria reprimenda.
|