> Foros de Temas de Amor > Las mejores Historias de Amor
 
 
 
Prev Mensaje Previo   Próximo Mensaje Next
Antiguo 17-Jul-2025  
Usuario Experto
Avatar de Danteojos
 
Registrado el: 11-September-2014
Mensajes: 5.103
Agradecimientos recibidos: 2353
Biblis y Cauno eran dos hermanos mellizos: Biblis mujer, y Cauno hombre.

Desde niños, Biblis sintió un afecto muy grande hacia su hermano mellizo, amor que se fue intensificando a medida que ambos crecían.

En un principio Biblis pensaba que su amor era totalmente fraternal, sin nada pecaminoso que lo enturbiara. Sin embargo, a medida que avanzaba el tiempo se fue percatando de detalles que evidenciaban que dicho amor no era tan puro como ella suponía.
Así, en presencia de Cauno, Biblis trataba siempre de acicalarse y arreglarse para estar lo más atractiva posible. Además, si se encontraba presente alguna otra joven y su hermano se ponía a coquetear con ella, Biblis sentía unos celos irreprimibles y se ponía hecha una furia.

Llegó un momento en que a Biblis se le hizo de todo punto insoportable el hecho de que a ella y a Cauno se dirigiesen todos como hermanos. Sentía de hecho un gran aborrecimiento por ese vínculo fraternal que los unía, ya que por sí mismo impedía que pudiesen ir más lejos en los siempre fragosos campos del amor. "¿Por qué tendrá que ser mi hermano?", se decía a sí misma, totalmente desesperada.

Durante el día Biblis trataba de reprimir sus pensamientos incestuosos, pero por la noche daba rienda suelta a los mismos y se masturbaba pensando en cómo sería mantener una relación sexual con su hermano Cauno. Hasta ese punto había llegado su pasión.

De hecho, la pasión la consumía cada día más, y aunque se decía a sí misma que eso estaba mal, lo cierto era que, por más que lo intentaba, no podía evitar fantasear con la idea de ser la amante de su hermano.

¿Y por qué no?, se dijo un día. ¿Acaso los dioses no se unen también entre hermanos? Los propios Zeus y Hera eran hermanos y, sin embargo, estaban unidos también en matrimonio. ¿Por qué entonces a los mortales les estaba vedada esa posibilidad? ¡Era totalmente injusto!

Envalentonada por esta idea, Biblis escribió sobre unas tablillas una carta donde le confesaba a Cauno su amor. Le aseguraba que había tratado por todos los medios de reprimirlo, pero que le resultaba de todo punto imposible y ya no podía más. Asimismo le hacía partícipe de sus reflexiones sobre los matrimonios divinos y cómo estos no estaban mal vistos.

Cuando Cauno leyó esta carta, montó en cólera y ordenó al mensajero que se la había llevado que fuese a decirle a Biblis que estaba loca y que debía alejar de su mente esos pensamientos insensatos e impuros, los cuales debía mantener ocultos si no quería tener problemas.

Biblis se sintió muy afligida por esta respuesta de su hermano y durante un tiempo siguió el consejo de no airear más su pasión.

Sin embargo, su fuerza de voluntad no tardó en decaer, de modo que al cabo de unos meses volvió a las andadas. Pensaba que lo que sentía no era nada deshonroso y que, por tanto, no debía mantenerlo oculto. Así que volvió a hacerle partícipe a Cauno de su amor, esta vez cara a cara, sin ninguna carta de por medio.

Cauno la rechazó de malos modos y decidió abandonar su patria para no tener que volver a verla, tal era el asco y la repulsión que había empezado a sentir por ella.

Al saber que su hermano se había marchado, Biblis creyó enloquecer de dolor. Salió en busca de él, atravesando numerosas ciudades en las que preguntaba si le habían visto, pero su búsqueda resultaba inútil.

Finalmente, agotada de tanto peregrinar de un lado a otro sin éxito, Biblis sucumbió al agotamiento y se derrumbó sobre el suelo, comenzando a llorar con total desconsuelo, y no dejó de llorar hasta que le sobrevino la muerte por inanición. Las lágrimas que derramó fueron tan abundantes que conformaron una fuente inagotable que en su honor fue llamada por su nombre: fuente de Biblis.
 
 


-