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Usuario Experto
Avatar de Syfo-Dias
 
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Ubicación: Dagobah de la Sierra
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Tengo que reconocer que el ejercicio de vivir en el ahora es a veces más esforzado que una dieta de 1.600 calorías. En mi caso, no se trata tanto de seguir recreándome en las causas, en los sucesos dolorosos del pasado, sino en las marcas que éstos han dejado en el presente.

Soy poco amigo de contar mi vida privada, porque mi propósito al entrar en esta página, desde el principio, decidí que no fuera ése, pero diré que hay días a veces duros, días en los cuales uno se plantea si el amor es algo que merezca la pena, y si no puede agotarse ante las heridas pasadas. Como cualquiera aquí, llevo unas cuantas en el cuerpo, heridas que generalmente considero curadas, pero de las cuales han quedado cicatrices sospecho que bastante visibles.

Hay algo que especialmente me hace estar receloso a nuevas relaciones. Ninguna de las anteriores parejas que tuve puedo decir que me brindase amor. Ni durante la relación, ni al terminarla. Ninguna de ellas tuvo la gallardía suficiente para hacerlo en persona. Ninguna de ellas tenía un motivo (al menos conocido, aunque ya sabemos cuáles suelen ser) para hacerlo. Ninguna de ellas se preocupó de la situación en la que quedaba después de la ruptura.

De ninguna de ellas he vuelto a saber nada. Como soy una persona creo que juiciosa y serena no presioné, no lloré (delante de ellas), no pataleé ni monté escenas ni me dejé llevar por la cólera. A una de ellas le facilité, incluso, que pudiese seguir en el lugar que estaba marchándome yo. Y creo que en algunos casos me equivoqué, porque con ello lo único que hice fue simplificar su proceso y su olvido. El mío fue más largo, siempre en solitario.

Duele saber que significaste tan poco para las personas que quisiste, aunque eso sea agua pasada. Lo que afecta al presente es la desconfianza, la sospecha de que en el mundo en el que vivimos las reglas son otras a las que uno tiene como propias. Porque eso te priva de la posibilidad de dar una oportunidad a personas que conoces que te demuestran que merecen la pena mucho más que aquellas que te dañaron. Porque la coherencia propia obliga a ser conservador en ese aspecto y no dañar los sentimientos de nadie por la ausencia de capacidades propias.

A medida que pasan los años nos volvemos más sabios, o eso es lo esperable. Sin embargo, a mí me gustaría poder ser igual de soñador y confiado que lo fui durante mi primera juventud. Ahora vivo solo y lo que es más, no me preocupa estarlo. Estoy habituado a resolverme todos los problemas sin ayuda de nadie, a hacer mis gestiones sin compañía, a aprender a hacer algo nuevo antes que recurrir a buscar ayuda externa. No busco pareja (al menos de forma activa) y casi puede decirse que me he acostumbrado a mi situación y estoy moderadamente satisfecho de mi existencia. Pero es ilógico, en cierto modo, ese planteamiento, porque significa que uno renuncia a que lo cuiden, a que lo abracen, a que lo mimen. A que lo quieran, en una palabra, como si el amor no fuera posible. Y no sé si eso me congela o me hace más fuerte.

Ni siquiera sé si me hace más feliz.

En fin. A veces también tenemos que mostrar a los demás que somos seres humanos. Ésta ha sido mi oportunidad.
 
 


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