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Nunca he sido demasiado tímido, ni siquiera de niño. Tampoco en exceso intrépido, aunque si tuviera que medir ambos extremos en una balanza, predominaría probablemente este último.
De todas formas, yo creo que la timidez también hay que ponderarla en términos relativos, no absolutos. Quiero decir que una persona puede ser tímida para algunas cosas y, sin embargo, osada para otras, y viceversa.
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