Cita:
Iniciado por Diazepam
Antiguamente, no importaba mucho lo que tú querías o lo que no querías. Tu plan de vida ya estaba diseñado. Para ser funcional y feliz, tenías que cumplir unas determinadas metas muy concretas, que favorecían a un determinado modelo socioeconómico [...] Ahora vivimos otra época, pero todavía arrastramos patrones de la época anterior y ese conflicto lo llamamos crisis de valores.
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Ciertamente, el modelo imperante hasta hace muy pocas fechas era la sujeción a los Poderes y una imposición desde el punto de vista religioso (en la sociedad española, el católico, que se fusionaba con el anterior) la que determinaba la moral —que no la ética— de las personas. Ahí había muy poco espacio para la creatividad: eran vidas fáciles para la mayoría, porque sabían lo que se esperaba de ellos, y durísimas para el que se salía del molde.
Cita:
Iniciado por Diazepam
Vivimos en una sociedad que no es mala, ni buena, ni todo lo contrario. Es una sociedad neurótica. Como en Matrix, hay un mundo de "lo que debería ser" y un mundo de "lo que es". Y cada uno tiene que encontrar a su Morfeo particular. Sólo así encontrará su camino de lo que desea o no desea auténticamente para su vida. De ahí vienen los límites propios, que son los únicos que valen a título personal.
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Mi opinión es que las antiguas formas de imposición están mutando. Ya no está bien visto que a la gente se le diga lo que tiene que hacer, así que la idea no es
imponer, sino
convencer, engañando si es preciso. Antes, el modelo estándar de familia era válido, porque con la excusa de la moral, la religiosidad y el honor se conseguía domesticar la libertad de las personas. Partíamos de la base de una sociedad muy inculta. Ahora, con el acceso a más medios, aunque la gente lo siga siendo en su mayor parte, las formas de incultura son otras, y es más útil conseguir una legión de personas solas e insatisfechas.
Por eso ahora se trata de convencer de que el nuevo modo de vida es bueno. De que consumir relaciones está bien. De que ser egoísta es un valor que puntúa alto. De que tienes que ser capaz de todo por conseguir ese puesto de trabajo y ese dinero que te permitirán seguir comprando bienes y personas. Todas esas personas se irán aislando. Irán teniendo más relaciones, pero más insulsas y menos duraderas, y a la larga acabarán hartas y permanecerán solas, o en relaciones de servicios mínimos rápidamente sustituibles. Y consumirán, aceptarán lo que sea con tal de llenar el estómago y acatarán dócilmente lo que se les diga.
De ahí que la posesión de una ética propia —y por extensión, de transmitirla a otros— sea tan peligrosa para los que nos gobiernan. Por eso la idea es socavar poco a poco la noción de que existan unos referentes éticos válidos para todo el mundo, sustituyéndolos por teorías que primen el resultado por encima de la acción.
Bueno es lo que la gente decide o l
o que a mí me sirve.
Y por eso, sobre todo, los que se salgan del molde están destinados a una vida de soledad, salvo que cambie el paradigma de pensamiento. Yo no soy tan optimista y creo que el cambio no va a ser pacífico: o empezamos todos a pensar y actuar de otro modo o la sociedad, dentro de 50 años, será irrespirable.