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Iniciado por No Registrado
Llevo años esperándolo y cada día que pasa voy perdiendo la esperanza. No creo que sea tan exigente aunque busque unas características determinadas, pero sufro porque sé que hay gente que ha encontrado al amor de su vida.
Yo no he tenido ese regalo en la vida, aunque soy joven y tengo tiempo pero estoy desesperada porque a los que les gusto no me gustan y los que me gustan a mí siempre tienen algún problema y no terminan de estar conmigo.
¿Estoy soñando con cuentos de hadas o realmente existe el "príncipe azul"?
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En esta época en la que el paradigma cientificista parece empeñado en considerar cada comportamiento humano como un síndrome o desarreglo bioquímico, se menciona últimamente otro más:
El Síndrome de Cenicienta, o de la búsqueda del Príncipe Azul.
Son necesarios dos ingredientes básicos para que se desarrolle:
- Por un lado, una mujer que no sea consciente de sí misma, de sus posibilidades, de sus talentos y de su plena capacidad para hacer lo que considere más conveniente para su vida. Por el contrario, suelen tratarse de personas con baja autoestima, necesitadas de que sea otro el que venga a darle sentido a sus vidas y a convencerlas de que pueden ser lo que ellas quieran. Algo así como una muleta emocional que brinde seguridad.
De ahí surge no sólo la búsqueda (estéril, en la mayor parte de los casos) de un individuo que venga a completar, sino de un sujeto idealizado en el que se vuelcan todas las expectativas forjadas a lo largo de los años. Lo que yo llamo el Adonismo: la atribución de cualidades falsas en los demás.
- Por otro, una inmersión cultural. La figura del Príncipe Azul que aparece en muchos cuentos no es una casualidad. Obedece a un estado de las cosas en el cual las mujeres son seres desvalidos necesitadas de un hombre para tener capacidad plena. Con el tiempo, ese cliché se ha desarrollado para adaptarlo a la sociedad consumista de los Siglos XX y XXI. Donde antes había dependencia completa ahora tiene que haberla en lo emocional. Lo que sucede es que el prototipo ha cambiado: ahora no se trata tanto de encontrar un macho proveedor como de una página suelta del renglón. Con el objetivo final de hacer personas sumisas que vivan relaciones efímeras en las que no formen vínculos sólidos. Quien gana con eso, lo dejo a la interpretación del respetable.
No es casualidad que frecuentemente la figura del Príncipe Azul se asocie con hombres dominantes, independientes y con poder sobre otros. Porque por contraste de aquellas educadas en el princesismo lo que se busca es justamente lo contrario de lo que se ha tenido: a padres y hermanos protectores, sujeto atribiliario que nos dé un poco de cañita para que la vida sea más picante, o que "sea chulito con todos, menos conmigo" (sic). Etcétera.
No digo que sea tu caso, aunque el hecho de que seas joven no sólo no te ayuda sino que limita la comprensión —que llega antes o después— de que eso del "
amor de tu vida" frecuentemente se confunde con el "
enamoramiento de tu vida". Porque el Amor, el de verdad, no suele ser nada pasional, cinematográfico ni venir en manos de seres perfectos a lomos de blancos corceles. Suele ocurrir más bien en una tarde de domingo, con seres imperfectos, como tú, y sin darte cuenta, salvo en una cosa: en que la dimensión tiempo deja de existir.
Para quitarle contundencia a este comentario, os dejo cuál ha sido siempre mi visión del Príncipe Azul. Que no todo va a ser filosofía...