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escribo para desahogarme un poco.
Hace 3 años que la madre de mi retoño me abandonó tras una relación de 10 años (4 de casados). Yo voy por la segunda pareja (y algún intento infructuoso), ella lleva año y medio con otra persona (que me cae bien la verdad). Desde el minuto 1 hemos seguido manteniendo una excelente relación personal, e incluso profesional como colaboradores habituales que somos. Solemos ponernos fácilmente de acuerdo con todo lo relacionado con nuestro retoño, nos ayudamos y somos flexibles con la custodia compartida. Creo que como padres separados lo estamos haciendo todo lo bien que se puede.
Desde que tenemos parejas la verdad que no habíamos hecho planes juntos con nuestro retoño hasta este finde que fuimos todos a otra isla a ver un espectaculo. Nuestro retoño en una silla entre ambos, al otro lado de ella su pareja actual. Mi pareja no pudo ir. Mi peque no paraba de coger las manos de ambos, besarnos sin parar, una cara de cumpleaños tremenda, hasta intentaba unir nuestras manos en alguna ocasión. De camino al hotel ya solos mi peque y yo, me dice que disfrutó muchísimo por tenernos al lado, y volvió a preguntar cosas que no preguntaba desde hace mucho como que porqué no seguiamos, que no lo entiende. Evidentemente se la ha explicado en estos años hasta la saciedad y yo ya solo me remito a que le pregunte a su madre quien tomó la decisión ella solita porque así fue. Yo me niego a cargar con ese peso, hice cuanto pude y más en su momento para salvar un matrimonio del que desconocía del todo que no estaba bien, vamos me pilló totalmente de sorpresa. Siempre digo que fui victima del confinamiento.
Pues bien, en ese momento me invadió una rabia hacia su madre que hacía tiempo no sentía. No creo que nuestros caminos se vuelvan a juntar de la manera con que sueña mi peque, ella ha cambiado muchísimo desde que nos separamos y no se parece a la persona que en su día califiqué como el amor de mi vida. Los dos también estamos bien en nuestras correspondientes relaciones, pero me duele no poder ofrecer a mi retoño una familia unida como la que yo tuve el privilegio de vivir. Hacía tiempo que no sentía esa rabia, impotencia y echar de menos lo que se perdió, más que la persona en si, esa sensación de familia sustituida por la sensación de fracaso.
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