En esta convivencia de normas, marcas y etiquetaje, se usan toda clase de términos psicológicos libremente, de forma arbitraria y con ánimo estigmatizador, que pueden salir a colación para intentar ayudar a alguien, pero que me parece una forma (inconsciente) de denigrar.
Si lloras por alguien o tienes un comportamiento que contraviene ciertos usos y costumbres, ¿qué pasa?, ¿hay que someterse a la lupa clínica de 'posible dependencia', 'trastorno, de no se qué' cuando no es así? Tal tendencia, que considero degradante, es producto de la normalización, de lo correctito, por lo que hasta el más pintado se convierte en psicólogo de mesa camilla y de andar por casa para decir 'a ti te pasa no sé qué'.
No tienes dependencia de nada. Verás, si hay que permanecer impávido viendo como se marcha una persona querida, cual personaje de cine negro o robot que viene del futuro, para así evitar que le marquen a uno como a una res con la etiquetita de 'dependiente emocional, etc.' pues qué quieres que te diga, a llorar, y a canalizarlo todo, a moco tendido, sin cortapisas, con libertad; y luego que vayan por ahí los expertos apuntando posibles dependencias y trastornos en sus cuadernillos, que eso importa de poco a nada.