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La experiencia me dicta que nadie es completamente malo ni completamente bueno por naturaleza, somos libres para escoger lo que queremos ser; y siempre es más fácil hacer el mal que hacer el bien. Los hay que ya nacieron con la malicia que les rebosa, pero no es regla general y también tienen su lado bueno.
Somos “malos” porque a pesar de los avances científicos y tecnológicos, la mayoría de nosotros todavía estamos en la edad de piedra filosófica, ética y espiritualmente hablando. Si crecemos dentro de una sociedad que nos repite constantemente que el pez más grande se come al más pequeño y que debemos ser altamente competitivos (filosofía del reino animal y ley del más fuerte), es normal que se fomente el egoísmo, y que la mayoría busque el bien únicamente para si mismo y para los suyos en mayor o menor medida.
Además el nuestro es un mundo materialista y capitalista, donde el dinero es el rey y el hombre su esclavo. Si tienes dinero lo tienes prácticamente todo. No hay motivación para ayudar a los países pobres (indiferencia), pero si la hay para invadirlos, atacarlos, tumbar sus gobiernos y recursos naturales (interés).
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