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Antiguo 13-Oct-2014  
Usuario Experto
Avatar de Danteojos
 
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Los sentimientos, lejos de ser algo fácil de controlar, tienen un fuerte componente aleatorio que les lleva a escapar a menudo de la férula de la voluntad, y cuando entran en liza no hay reglas que valgan, pues, al contrario de lo que sucede con las matemáticas, en su ámbito no siempre dos y dos suman cuatro. El amor no conoce en principio de estados civiles, por lo que puede a veces surgir sin más, con tal ímpetu en ocasiones que, antes de que los afectados puedan darse cuenta, se ha extendido como un incendio, abrasándolo todo. Yo no creo que Atemporal eligiese enamorarse voluntariamente de esa persona casada, ni tampoco ésta de él. Surgió y punto. Y una vez que surgió es cuando se pasa a la siguiente fase, la de qué hacer.

Todos sabemos a priori lo que es lo ideal en este tipo de cuestiones, pero por desgracia (aunque también podríamos decir por fortuna), lo ideal no siempre coincide con lo real, y en el ámbito real existen multitud de circunstancias y factores que hacen de cada caso algo especial y exclusivo que sólo los propios implicados pueden ser capaces de ponderar. Como acabo de decir, ni Atemporal ni nadie decide a priori enamorarse de una persona casada, pero a veces, insisto, ocurre, y cuando sucede se plantean muchas opciones que serán elegidas o no en función de la personalidad de cada afectado y de las circunstancias a las que esté sometido en cada caso. Hay quienes son felices en la situación de clandestinidad y deciden mantenerla y disfrutar de ella mientras tiene lugar, sin plantearse ir más allá. Hay quienes, como Atemporal, opta por separarse de su pareja. Hay quienes, por el contrario, no pueden permitirse dar ese paso porque están atenazados por circunstancias familiares y/o económicas insoslayables. Y también los hay quienes, como la amante de Atemporal, se sienten sometidos a una presión de tal género que les lleva a recular y dar marcha atrás, pese a que en su fuero interno siguen enamorados y desearían continuar con la relación. En fin, que son tantos los casos y circunstancias que pueden darse que resulta cuando menos temerario reducir la cuestión a la simpleza de un maniqueísmo que divida a las partes en buenos y malos. Como dije en mi anterior intervención, no todo es blanco ni negro, sino que existe una amplia gama de grises que puedan dar cabida a muy diferentes situaciones. No seré yo en ese sentido quien juzgue a nadie.

Por último, decir que siempre me ha resultado muy curioso el modo en que tiende a censurarse la infidelidad en todas sus manifestaciones y luego comprobar cómo mucha de esa misma gente se derrama en ríos de lágrimas cuando ve películas como “Los puentes de Madison”. No deja de ser en cierto modo chocante
 
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