|
Me presento. Soy estudiante, de 18 años. De esos que se sientan siempre en ultima fila, y que les gusta pasar desapercibidos. Hace un par de años cambie de instituto, y pese a que mantuve a mis anteriores amigos no pude hacer nuevos allí. Solo un par.
Tímido y a veces puede que algo arrogante, pero con ganas de hacer cosas nuevas, me apunte a una obra de teatro, para la que ensayamos un día a la semana. Y allí estaba ella, la chica de la clase de al lado, amiga de mis amigas, pero que nunca antes había visto. No se si fue la no azarosa designación de los papeles, pero era ella. Era ella, la chica de la que me enamoraba en la obra, era ella la chica en la que me había fijado de verdad.
Se trata de una de esas chicas no tímidas pero si reservadas, muy abierta con sus dos o tres amigas y más cerrada con los demás. El caso es que todo esto, que sobre el papel puede parecer perfecto, es una trampa de doble filo. No me puedo equivocarme con esa chica, no le puedo pedir salir y que me rechace, porque el populacho del instituto me mataría. Cuando lo pienso, creo que no me podría haber fijado en una persona en la que me viniera peor fijarme.
Pero creo que esto no es solo algo de mi parte, sé que ella a veces me observa cuando no le observo, así como ella también sabe que le observo. Cuando nos cruzamos, a veces cruzamos miradas, apartamos la mirada. Pero lo que no me gusta de todo esto es que no quiero comprometer la obra de teatro por asuntos personales, y por tanto, no tenía pensado decirle, hacer nada, hasta el final de la obra, pero para eso faltan largos meses.
Por supuesto no estoy enamorado, pero siento una chispa de curiosidad nada despreciable, que creo que ella también siente. Solo me he planteado tres opciones: Pedirle quedar sin más, esperar a que sea oportuno y quedar para ensayar, o esperar al final de todo, y entonces pedirle quedar. ¿Qué opinan de todo este problema? Muchas gracias
|