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Usuario Novato
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No se si fue su mirada o su sonrisa. Pero me enamorè de ella a primera vista. Sus ojos me hablaban en silencio. Me decìan que me acercara, que no tubiese miedo, porque serìa correspondido. Sentada ella a la mesa del cafè, cruzaba miradas a mi mesa que estaba a unos tres metros. No pude resistirme y muy lentamente me acerquè hasta su mesa. Le preguntè si podìa sentarme junto na ella y respondiò con una increìble sonrisa, que hizo erizar toda mi piel. Me dijo su nombre "Me llamo Elena". Conversamos apasionadamente de mil cosas y pronto descubrimos dos cosas: Que tenìamos cientos de cosas en comùn y que el tiempo habìa pasado volando. Me ofrecì a acompañarla hasta su casa y aceptò muy gustosamente. Al llegar, quizo devolverme el abrigo que le prestè gentilmente cuando salimos del bar, pero lo rechacè dicièndole que me lo devolviera al dìa siguiente, en el parque central a las 15 hs. Con su increìble sonrisa, me dijo que allì estarìa.
No fue nada fàcil aguardar la hora señalada. Los minutos parecìan horas y ya casi no podìa esperar mas. Lleguè unos 15 minutos antes, a la fuente de agua, donde un cartel rezaba "Fuente de los deseos". Me puse de espaldas a la fuente y arrojè una moneda, pidiendo que Elena se presentara. Cuando abrì mis ojos, vi a Elena parada en frente de mi, sonriendo. Ambos hechamos a reir y le contè cual habìa sido mi deseo. Caminamos sin rumbo durante un buen rato. Al llegar a la laguna, cerquita del puente, sin decir una sola palabra, le pude robar el primer beso. Fue suave, hùmedo y respetuoso. Elena se sonrojò y me pidiò que repitiera el beso. No me neguè en absoluto y accedì. Esta vez, ese beso fue mas apasionado, mas atrevido y mas largo.
Estuvimos vièndonos durante una semana, todos los dìas, cada dìa. Era tan fàcil disfrutar de su compañìa, que nunca me daba cuenta de lo ràpido que pasaba el tiempo. En cierto momento, notè que la sonrisa de Elena, perdìa cierto brillo y no le permitìa ser ella misma. Preguntè porque y se confundìa al responder, como si no supiera que decir. Me preocupè e insistì para que me lo dijera. Se puso nerviosa y me piidiò que la acompañara hasta su casa. No cedì a su pedido e insistì para que me dijera que le sucedìa. Como no sabìa por donde empezar, intentè ayudarla con palabras sueltas: " ¿Hay otra persona? "... no, respondìa ella. " ¿Tienes alguna enfermedad que sea dificil de manejar? "... no, no es eso. " ¿Tienes problemas de dinero? "... no, tampoco es eso. Debes decirme que sucede Elena, dije preocupado. Entonces, me mirò a los ojos. Los suyos estaban inudados de làgrimas a punto de salir. Sonò su narìz, tomò impulso y me dijo:.. " He pasado las mejores horas contigo Raùl. Los mejores dìas de mi vida, me los has dado tu... pero estàs muy dentro de mi corazòn y ya no puedo callar mas mi secreto. Cuando me conociste en aquel bar, yo esperaba la llegada de un hombre. Ese hombre es un cliente mìo y al no presentarse, pudiste sentarte tu en mi mesa. Si ese hombre se hubiese presentado aquella tarde, tu no me hubieras podido conocer"... Disculpa, (dije yo un tanto confundido). ¿Cliente?... ¿A que te refieres?... Dijiste que trabajbas de enfermera en el turno noche, no comprendo. ¿Por que le llamas cliente a alguien que deberìas llamarle paciente?... Un profundo silencio se apoderò de aquel momento. Elena volviò a tomar aire y me dijo: " En realidad no soy enfermera Raùl. Si trabajo por las noches, pero soy una ramera. Una chica que por desesperaciòn y por despecho, se prostituye con cualquiera que pueda pagar el precio. Pero te aseguro que tu eres la primer persona despuès de mucho tiempo, que ha logrado entrar en mi corazòn. No me odies por favor"... Debo reconocer que me quedè helado. Sentì mi boca seca y una opresiòn en mi pecho. Perdì la capacidad de reacciòn en aquel momento. Elena me mirò a los ojos, me diò un dulce y pequeño beso en la mejilla y girò para marcharse. Allì fue cuando pude reaccionar y la traje nuevamente hacia mi. La envolvì entre mis brazos y le pedì por favor que no me dejara. Besè repetidamente su cara, sus ojos, su boca, mientras le decìa cuanto la querìa. Casi grito cuando dije que su pasado no me importaba y que siempre podrìamos comenzar de nuevo. Lloramos. Nos abrazamos. Reìmos. Volvimos a besarnos. Caminamos nuevamente sin rumbo, por las calles de aquel Bulevar. No volvimos a hablar nunca mas de ese tema.
Hoy llevamos cinco años de casados y tenemos una bella hija de 3 años, a la que llamamos Elizabeth. Su sonrisa es tan increìble como la de su mamà y sus ojos, al igual que su mamà, tambièn me hablan. Me dicen con dulzura, "Te quiero mucho papà".
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